Crecer es una de las cosas más maravillosas e inevitables de esta vida. Crecer me ha enseñado que las amistades juradas no son para siempre. Que sólo las personas que de verdad te conocen, te aceptan con virtudes y defectos y se preocupan por ti, son las personas que permanecerán en tu vida al pasar de los años. Crecer me ha enseñado que muchas veces cometeré errores en la vida que lamentablemente no podré borrar, pero también me ha enseñado que esos errores cometidos son experiencias de vida, y que muchas veces debemos cometerlos para aprender y poder seguir adelante. Crecer me ha enseñado que todo lo que soy hoy es por mis padres, por su cariño, apoyo y amor incondicional.
Crecer me ha enseñado a mantenerme siempre firme ante mis valores y principios. A decir la verdad, a no tener miedo a enfrentar las consecuencias de mis actos, a ser honesta y auténtica siempre. Crecer me ha enseñado a ser una persona independiente, fuerte, inteligente, me ha enseñado a no tener miedo a dar mi opinión y expresarla cuando siento que las cosas no son a mi parecer. Crecer me ha enseñado que no necesito de muchas personas para ser feliz. Que los grupos grandes me agobian, que hablar de otras personas a sus espaldas es de cobardes y que no hay mejor panorama que el té, música y una buena conversa.
Crecer me ha enseñado que el alcohol, las fiestas y la juventud no son para siempre, que pertenecer a un grupo no es lo más importante en la vida, y que valerte por ti mismo es lo que te dará frutos el día de mañana. Crecer me ha enseñado que las personas son peligrosas, pero que también pueden ser los seres más maravillosos del universo. No sé en qué momento dejé de ser lo que era para transformarme en la persona que soy hoy. Creo que siempre estuvo en alguna parte de mí. Estoy orgullosa de ello; porque sólo creciendo nos damos cuenta de quienes somos en verdad, de lo que queremos y de quienes queremos en nuestras vidas.

