domingo, 10 de noviembre de 2013

My body feels young but my mind is very old.

Crecer es una de las cosas más maravillosas e inevitables de esta vida. Crecer me ha enseñado que las amistades juradas no son para siempre. Que sólo las personas que de verdad te conocen, te aceptan con virtudes y defectos y se preocupan por ti, son las personas que permanecerán en tu vida al pasar de los años. Crecer me ha enseñado que muchas veces cometeré errores en la vida que lamentablemente no podré borrar, pero también me ha enseñado que esos errores cometidos son experiencias de vida, y que muchas veces debemos cometerlos para aprender y poder seguir adelante. Crecer me ha enseñado que todo lo que soy hoy es por mis padres, por su cariño, apoyo y amor incondicional. 

Crecer me ha enseñado a mantenerme siempre firme ante mis valores y principios. A decir la verdad, a no tener miedo a enfrentar las consecuencias de mis actos, a ser honesta y auténtica siempre. Crecer me ha enseñado a ser una persona independiente, fuerte, inteligente, me ha enseñado a no tener miedo a dar mi opinión y expresarla cuando siento que las cosas no son a mi parecer. Crecer me ha enseñado que no necesito de muchas personas para ser feliz. Que los grupos grandes me agobian, que hablar de otras personas a sus espaldas es de cobardes y que no hay mejor panorama que el té, música y una buena conversa. 

 Crecer me ha enseñado que el alcohol, las fiestas y la juventud no son para siempre, que pertenecer a un grupo no es lo más importante en la vida, y que valerte por ti mismo es lo que te dará frutos el día de mañana. Crecer me ha enseñado que las personas son peligrosas, pero que también pueden ser los seres más maravillosos del universo. No sé en qué momento dejé de ser lo que era para transformarme en la persona que soy hoy. Creo que siempre estuvo en alguna parte de mí. Estoy orgullosa de ello; porque sólo creciendo nos damos cuenta de quienes somos en verdad, de lo que queremos y de quienes queremos en nuestras vidas.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Hay sólo cuatro palabras que definen lo que siento por ti.

Mis manos comenzaron a temblar esa tarde de enero. Se sentían diferentes, intranquilas. Nunca he creído las exageraciones de los poetas acerca de estos sentimientos, porque son cosas que no había sentido nunca. Eran las seis y media y no podía soportar ver tu partida. Tomé tus manos. Sí, lo hice. Te pedí que te quedaras. Aquí. Conmigo. No sé por qué dije eso. En ese segundo y medio pude ver a través de tus ojos y me dí cuenta que tú también podías ver a través de los míos. Mi corazón comenzó a latir fuerte. Muy fuerte. Sentía como si algo malo, muy malo le fuese a suceder a mi organismo. Mierda. Mis ojos me delataron. Mantener la calma. Sí, eso hice. Solté tus manos. Las solté. Soy una estúpida. Tus ojos me miraban confundidos y me hablabas de cosas triviales mientras tus ojos hacían mil y un preguntas que yo no sabía como responder. No puedo mentirte. No puedo decirte la verdad. Se requiere de valor y besos que no te puedo dar. Amor, por favor entiéndelo. Soy una mujer muy complicada. Muy simple. Muy emotiva, muy racional. Buscaste mis manos nuevamente y algo en mí ya no se sentía correcto. No. Las esquivé las tres veces que intentaste tomarlas. Soy una estúpida nuevamente. ¿Que si todo está bien? Sí, claro, todo bien. Es sólo que mis manos transpiran y tengo la presión el doblemente alta pero todo está bien. Mierda. Mierda, mierda. Te estás acercando. No. No. Espera. Vas muy rápido. Así no. Y durante ese momento me di cuenta que entre que llegamos acá y comenzaste a tomar mis manos, pasaron siete años y un día, no una tarde de enero. En un minuto, la historia de mi vida...

viernes, 23 de agosto de 2013

Mi vida sin ti.

Todavía no tengo las fuerzas para dar tres pasos fuera de mi ventana, llevarte una flor, sentarme y preguntarle a la vida por qué te quitaron de mi lado. Te amo tanto que no puedo soportarlo. Tan sólo necesito un poco más de tiempo, soñar más contigo tal vez. He acariciado a dos animales el día de hoy y se me ha partido el corazón en mil pedazos, porque por muy ingenuo que parezca, tengo la estúpida certeza de que en cada animal haya una parte de ti, como si estuvieras en todos lados. No hay nada en el mundo que me duela más que tu partida. Nada. Y tampoco espero que alguien lo entienda porque estoy segura que nadie ha querido  a alguien como yo te quise a ti. Porque hasta yo me sorprendo de todo el amor que desplegaba por ti, y todo ese amor se fue para siempre. Está a tres metros de mi pieza y no puedo soportarlo, no puedo. El silencio en la noches, en las mañanas. Sin ti, estoy completamente sola. Es muy extraño el país de las lágrimas.

jueves, 22 de agosto de 2013

y en ese momento, supe que no me conocías.

Dice más de una persona cuando ésta se refiere a otra que cuando trata de definirse a sí misma para los demás. Nunca juzgaría a alguien que no conozco, ni aunque personas (que crean conocerle) me dijeran mil y un cosas negativas respecto a ella porque un principito una vez me dijo que sólo se ve con el corazón, y que lo esencial es invisible a los ojos.

viernes, 16 de agosto de 2013

Envidia

Verlos ahí, en las calles, sentados en el parque, tan felices, tan hermosos, tan perfectos. Todos lo son, ellos pasean, se miran y sienten nerviosismo, intentan ocultar sus miradas de reojo tímidamente pero aquella sonrisa siempre los delata cuando sienten su reflejo en el otro. Mariposas en el estómago o ese cosquilleo casi imposible de explicar que incluye fatiga y todo lo que nos dicen aquellas películas hollywoodenses que tanto evitamos ver en compañías de los demás. No lo entiendo, sus manos tomadas, sus palabras cursis y sentimientos acelerados que los llevan incluso hasta el sacrificio por el otro. La dependencia, el cariño inexplicable, la belleza subjetiva, el apego incontrolable. Sentimientos que se alejan de mi realidad. Porque siempre me he mantenido distante, alejada. Porque mis sentimientos más fuertes han sido por animales y mi familia. No siento tristeza tampoco, es simplemente algo que no está ahí. Sin embargo, mis escritos acerca del amor dicen lo contrario. Es entonces ahora donde tienes que saber que no puedes creer todo lo que lees. No soy mis palabras, sólo mis acciones. Y eso, es lo más verdadero y real que puedo ofrecer.

martes, 13 de agosto de 2013

Avaricia

Mis tesoros más grandes son exactamente dos seres vivos que amo y siempre querré con mi corazón. Nadie me los puede quitar porque son míos y yo de ellos. Daría mi pulmón izquierdo por conservarlos por siempre, para que fueran parte de mis recuerdos por el resto de mis días. Lamentablemente uno ya no está y la mitad de mi corazón quedó tremendamente destruido y dañado, no lo digo en el sentido poético o exagerado, sino que de verdad, hablando sinceramente y sin sentir pena por mí misma, que hay un antes y un después de aquél suceso que marcó mi vida. Es por eso que he decidido acumular la mayor cantidad de recuerdos posibles junto a mis seres queridos, trabajaré mucho para obtener éxito laboral, pero a la vez, lo haré para así dejar tiempo para ellos. El tiempo. Lejos es el mejor de los regalos que le podemos entregar a nuestra familia, amigos, y seres queridos. De verdad.

domingo, 11 de agosto de 2013

Lujuria

Verlo sentado, acariciando su barba y riéndose de las historias que cuento es una cosa, pero otra cosa muy distinta es cuando se acerca, dice que huelo bien y le advierto que ahí está su esposa.

Pereza

No sé ustedes, pero para mí el fin de semana está para descansar, dormir 10 horas seguidas, ver películas/ series y comer, comer, comer.

sábado, 10 de agosto de 2013

La locura es un placer que sólo los locos conocemos.

y es que hace un tiempo me di cuenta que es cierto. Probablemente si estuviéramos en los años 50' sería tildada quizás de qué cosa por vestirme así y balbucear ciertas palabras, pero la verdad señoras y señores es que me da exactamente lo mismo, estemos en el año que estemos. Porque si me importara probablemente trataría de guardarme mis groserías, mis cantos por la calle, mis locuras con mis amigos, mi hiperactividad cuando estoy con personas que quiero mucho o no veo hace tiempo, y mis palabras en circunstancias en donde no lo ameritan mucho necesariamente. Pero, ¿para qué mentirme? No soy ese tipo de mujer idealizada que la sociedad espera o que quien sea espera. Pero, ¿quiere esto decir acaso que soy mejor o peor por no ser la típica mujer conservadora? Nones. Y les diré por qué. Simplemente, porque soy real, auténtica y eso es lo único que importa. Tengo mis defectos, como todos. Pero les doy frente, los acepto y vivo con ellos porque también son parte de lo que soy. Y mis virtudes, le dan un equilibrio a mi vida que sólo me hacen encontrarme con un estado de paz interior, y eso es lo único que necesito. Por otro lado, también hay cosas que nadie ve, y que tampoco voy a decirlas, pero ellos, los que quiero con mi corazón y alma, las conocen. Y a no ser que usted, señor lector, tenga un espejo que vea mi interior, quédese callado o aprenda a conocerme, tan simple como eso.



viernes, 9 de agosto de 2013

Do me a favour, como en la canción.

Esto me pasa por contradecirlo todo, por no dejar que los sentimientos lleguen a desarrollarse y desecharlos antes de tiempo. Soy fría, tan fría. Por favor no me cuestiones ni me preguntes nada. Simplemente no puedo. Quiero quererte pero no puedo, sólo puedo abrazarte y dejarte ir. Si quieres saber el por qué, entonces lee entre lineas o simplemente mírame a los ojos y  ya.


jueves, 8 de agosto de 2013

Melissa Harrison, la verdadera historia (II)

Soy tan joven, pero a veces siento que mi mente me traiciona para la edad que tengo. Me pasa que estoy cansada de todo, hace ya mucho tiempo que no siento ganas de salir a fiestas que duran toda la noche ni me siento cómoda en grupos grandes. No es que me haya transformado en una antisocial de un día para otro, pero sé que todos tienen esta imagen mía de una mujer sociable y (creo) simpática. No es que sea mentira y vaya a decir ahora que soy una mujer depresiva y ermitaña, es sólo que de verdad que me siento mucho más "en mi lugar" cuando estoy en compañía de pocos y cuando me doy tiempo para mí misma. 

Disfruto mucho quedarme acostada, leyendo libros, escribiendo, tocando piano o guitarra; puede sonar raro para algunos pero se siente bien de verdad. Salir a caminar sola, escuchar música, pensar y hacer planes mentales que duran sólo unas horas para luego volver y hacer otros diferentes al día siguiente. Mirar el cielo y observar las estrellas, no pensando en que más allá hay algo más, o que hay un romanticismo poético en ello, no, simplemente observarlas. Están ahí, todas las noches, disfruto mucho mirándolas por horas, son tan hermosas, pero pocos las ven en realidad. También, cuando camino, me gusta observar los edificios/casas favoritas de mi ciudad; lo hago cuatro veces al año, en el cambio de cada estación y diviso el cambio de sus colores o la permanencia de estos al pasar de los meses. 

Me gusta el trayecto en micro de mi casa a cualquier lugar, siempre creo historias en mi mente a medida que las canciones de mi reproductor avanzan. Algunas acerca de mi futuro, de mi pasado, de lo que podría ser, de todo. A veces, más que el lugar hacia donde me dirijo, disfruto muchísimo más el viaje. Soy una soñadora, una niña en este cuerpo de mujer, porque me gusta observar y detenerme; disfrutar cada momento que vivo, estar consciente de las cosas que hago y las decisiones que tomo porque sólo tengo esta oportunidad, una sola vida, para ser feliz. Pero por otro lado, también soy una mujer: cuerda, sensible, racional e impulsiva. Es difícil definirme, a ratos tengo todo claro, a ratos me gusta soñar, a ratos me gusta enfocarme en el presente y en el futuro, y a ratos, simplemente, me gusta perderme en mis propios pensamientos.

No sé si soy yo, es el tiempo, o es que simplemente he crecido para transformarme en una niña nuevamente o en una mujer de verdad.

lunes, 5 de agosto de 2013

He conocido a un hombre.

Querido diario:

Hoy es uno de esos días de los que esperas que duren para siempre. Me sentí la mujer más amada del universo, él es tan tierno, tan hermoso. Es el hombre que siempre estuve esperando. Me hizo sentir algo que jamás había sentido en mi vida y su amor, ah, su amor! es infinito. Caminamos por el parque, nos sentamos en una banca y comenzamos a besarnos. Al principio fue extraño ya que nuestros labios no estaban armonizados, sin embargo sólo bastaron unos minutos para darnos cuenta que debíamos estar así, para saber que éramos lo correcto. Había tanta ternura en sus ojos, sentía como me sonreían mientras acariciaba mi rostro. Poco a poco fue entrelazando mis dedos con los suyos, sus manos se sentían tibias y suaves, como sus besos. Adoré su forma de hablar, su sentido del humor, su sonrisa; tocar su pelo castaño y ese pequeño lunar café en la mejilla me provocaban robármelos para siempre. Pronto tendrás su rostro aquí guardado, ya que le tomé una foto cuando observaba el horizonte. Hermoso. Dice que mañana vendrá para que disfrutemos de alguna película y yo sencillamente me pregunto ¿cuándo será el día que follemos hasta cansarnos en un motel barato?

domingo, 4 de agosto de 2013

Melissa Harrison, la verdadera historia.

Con el tiempo he aprendido a vivir mi vida sin complicarme demasiado, sin pensar demasiado, sin llorar demasiado. Me he dado cuenta de que, sinceramente, no vale la pena malgastar tiempo y lágrimas en sentirte mal por lo que alguien diga o deje de decir. Me he dado cuenta de que estar malhumorado te hace tener más arrugas en la frente, y si las tengo, quiero que sean por haberme pasado la vida sonriendo (o al menos gran parte de ella).

Me he dado cuenta de que cuando se cierran puertas se abren balcones, cuando llueve siempre sale el sol (por muy cliché que suene, es verdad). También me he dado cuenta de que el invierno pasa más deprisa que el verano, y que cuando pierdes el bus siempre aparece un colectivo. Me he dado cuenta que importan las personas más que las palabras; que un abrazo es el mejor de los regalos y que una mirada es la mejor forma de decir 'lo siento'.
Quizás a veces me sigo enfadando por tonterías, por lo que sea que vivimos en el día que nos hace estar más propensos al enojo, porque somos humanos, porque somos imperfectos; pero cada día el enfado me dura un minuto menos; y luego, simplemente ya pasó. La vida es muy corta, mis profesores tenían razón.

Me he dado cuenta de que importan los recuerdos, pero importa más el día de hoy. Me he dado cuenta de que no se puede perdonar sin olvidar, ni vivir con miedo a la soledad. Ahora sé que importan los instantes, importan los minutos, importan las horas, los años y pasarlos al lado de quienes amamos. Quiero disfrutar este tiempo con mi familia y amigos porque esto sólo lo viviré hoy; mañana será otro capítulo en mi vida, con otras preocupaciones y otra rutina, y aunque estoy segura de que será muy distinta a la que tengo hoy en día, esto no quiere decir que sea peor. Tengo miedo ¿quién no? No por eso soy una cobarde, lo inesperado es una espada con doble filo, pero depende de nosotros el destino que le queramos dar.


Ahora, sé que lo que más importa es reír, llorar cuando lo necesitemos, disfrutar de los nuevos amaneceres y mojarnos con la lluvia del invierno. Ahora, sé que sólo importa vivir.

jueves, 1 de agosto de 2013

Mejor me voy explicando a falta de precisas conclusiones...

Tengo sentimientos encontrados desde la última vez que te vi. Me duele pensar que el destino no nos pertenece y que sólo somos dos almas perdidas, mirándonos, pero no viéndonos realmente. 

La verdad es que muchas cosas cambian en cinco años, dos e incluso uno. No me quiero aferrar al pasado porque eso no va a cambiar nada, simplemente quiero decir que, para bien o para mal, todos cambiamos. Si hoy me encontrara con mi versión de los 15 años no me reconocería, o a decir verdad sí (en cierta medida), porque interiormente siempre he tenido los mismos valores, la misma convicción e ingenuidad delante ciertas cosas. Sin embargo, la adolescencia hizo muchas cosas por mí, de las cuales estoy muy agradecida y otras no tanto. 

Típico ocurre que tienes 15 años y todo el mundo parece ser sociable, las amistades llegan para prometerte la eternidad, los chicos parecen buenos, los lugares nos ofrecen su hospitalidad y la rebeldía llega para proporcionarnos entretención y hacer de nuestras vidas algo memorable. Sí, todo eso lo viví y no me arrepiento. Nunca fui un caso perdido o algo por el estilo, pero de lo que sí estaba consciente era que, a pesar de todas las consecuencias que podría recibir al actuar (y me refiero a ir a conciertos, salidas sin permiso, etc) sabía que en un futuro las iba a recordar y decir valió la pena, y hoy, forman parte de un lindo recuerdo. Sin embargo no todo fue diversión y despreocupaciones. Así como aprendí el valor de tener coraje y conciencia frente a situaciones adversas, también aprendí el valor de lo que es la confianza y la amistad. Porque de éstas, sin lugar a dudas que me tocaron de las mejores y las peores también. Y no hace falta que me vuelva autorreferente para decir de qué tipo de personas estamos hablando en el segundo caso. 

Las típicas amigas que sólo te llaman cuando necesitan algo de ti, para divertirse, para que las escuches hablar de sus un y mil pretendientes y les subas el ego. Esas personas que les importa mucho lo que piensen de ellas, son superficiales, por lo que el "dime con quien andas y te diré quién eres" es primordial, y si no cumples sus expectativas, suelen desecharte para luego buscarte si necesitan algo de ti. Muchas veces me sentí atrapada en este tipo de círculos cuando era chica, pero, en vez de sacar lo malo, esto me enseñó mucho de lo que sí es la amistad y de lo que no quiero en mi vida. 

Todos merecemos una amistad que nos haga sentir valorados, queridos, escuchados y respetados, y hoy, puedo contar con personas que no sobrepasan los dedos de una mano, pero que sin lugar a dudas son un tesoro en mi corazón. Y eso es lo importante, calidad ante cantidad. Personas con las que tengo recuerdos memorables y proyecciones a futuro. Y que quizás, no siempre estén cuando los buscas, pero siempre aparecen cuando los necesitas. Sé que amistades vendrán y se irán en el futuro por las distancias, el mundo laboral, las comunicaciones y por las cosas de la vida. Aún así, siempre me quedaré con los momentos, con lo que sí viví y lo que me hizo feliz, porque como escuché una vez, la vida es muy corta para complicarse por amarguras. Y es verdad. Hoy miro hacia adelante porque el futuro se me viene de frente, lo siento tan cerca que me asusta. Pero lo aceptaré y lo afrontaré como lo que soy: una mujer con el coraje suficiente para tomar las riendas de mi vida y hacer con ella lo que desee, porque como escuché una vez por ahí cada uno es el arquitecto de su propia vida.


Eres la persona perfecta para los tipos extraños.

Me siento frente a ti como siempre. Ya no sé si te veo a ti o solo es una sombra de lo que eres. De verdad que quiero estar contigo pero amor, estamos tomando té y ya se te enfrió.  Deja de rascarte la cara, es nerviosismo. Me gustas así pero la ausencia de ti mismo te hace ver distinto, ausente. Qué más da, eso ya no importa, estoy, estamos, solos, desesperados, nerviosos, sin saber lo que nos deparará pero estamos. Sin lugar a dudas es ahora cuando me doy cuenta que el destino sí existe y que no se va por la borda como pensábamos. Estamos aquí, en el sitio perfecto para los dos, tan común y clandestino. Destapar las primeras miradas. Perdón...¿qué dices? ¿la hora? Oh no, amor, sabes que no uso reloj, pero la averiguaré por ti, para que te sientas feliz y midas tu tiempo y mi tiempo y sepamos que las horas se desgastan cuando no estamos cerca. Ese olor, deliciosamente erótico y perturbador me anuncia el umbral donde me perderé las próximas 48 horas. No, no te disculpes, a cualquiera le pasa... deja, yo levanto los libros. Las disculpas son la muestra más dulce en tu cara; sencillo, audaz, caballero, hermoso. Hay marcas en tu rostro que deleitan esta sala y mis ojos son tan tímidos que no soportarían dos segundos verte detenidamente. Sí, si hace frío, pero hablaremos del clima después, siempre he pensado que es patético hablar de él, aunque me encanta escucharte. Tus sonidos brincan de lo perplejo a lo celestial. De tus labios se caen pequeños silencios acordes a la ocasión. Verbos desprendidos en el aire que nadie respira. Esos hoyuelos delatadores de simpatía y tus cejas bien ceñidas brillan desde donde estoy. Me encandilas. No eres igual a ellos, estoy segu...
-¿Qué?
-La llama la señorita, ya puede entrar con el doctor...

-Ah si, gracias.

lunes, 29 de julio de 2013

y aún así me queda corazón para sentirlo todo.

Si hay algo que adoro de mi ciudad es que siempre es un buen día para caminar. Los árboles son hermosos aún en invierno, la contaminación acústica es soportable y las veredas no se encuentran tan aglomeradas. Concepción es perfecto, sólo depende por donde lo mires. Durante estos cinco años universitarios siempre me ha gustado mi trayecto hacia casa. Salir de la universidad, ponerme los audífonos y escuchar canciones que le dieran un significado a mi atardecer. Pero más que cualquier cosa, mi trayecto a casa era lo mejor de mi día porque, a pesar de todo lo que tendría que caminar, mi destino siempre iba a ser uno: mi hogar. Sabía lo que me esperaba, como la equis que se marca en el lugar del tesoro: Una casa con la estufa prendida, un té caliente y los ronroneos de mi gatito. Aquellos eran mis días más felices y yo me daba cuenta de ello. Lo disfrutaba, lo aprovechaba...

Una sonrisa siempre marcaba mi rostro al presionar las llaves contra mi puerta. En ese momento lo escuchaba a él, maullando, esperando mi llegada. Luego de abrir la puerta, mi primer gesto era traerlo hacia mis brazos y hacerle cariño. Pasar mi cara por su pelaje suave y decirle lo mucho que lo extrañé en el día. Luego lo llevaba hacia mi pieza, dejaba mi mochila tirada a un lado del velador y me acostaba con él mientras él dejaba sus pelos por toda la cama. Después me daba cuenta que tenía mucha hambre, por lo que íbamos juntos a la cocina. Le servía un poco de comida en su plato y calentaba la mía. Mientras almorzaba él siempre estaba en la silla del lado izquierdo, mirándome (y esperando a que le diera un poco de lo que sea que comía). Mis papás trabajan durante todo el día así que por lo general éramos sólo él y yo. Después de comer íbamos a mi pieza en donde yo, hiciera lo que hiciera (estudiar, tocar piano o escuchar música) su compañía siempre era fundamental. Adoraba su cabecita en mis piernas, o cuando hacía mucho frío y se metía dentro de mi cama y comenzaba a ronronear. Aún cuando dormía siestas y yo no soportaba sus ronquidos, siempre me los aguantaba y trataba de dormir nuevamente, porque al menos lo tenía entre mis brazos y me entregaba amor, desde que tenía 8 años.

Hoy, hace cinco días atrás, decidí caminar nuevamente por mi ciudad. Me di cuenta que muchos días encerrada no le hacen bien a nadie así que emprendí mi caminata sin rumbo por el centro, escuchando música, mirando el atardecer. Cuando era tiempo de volver a casa hacía exactamente lo de siempre, abría la reja de mi casa con cierta excitación, las llaves hacían el ruido previo para abrir mi puerta principal, pero él ya no estaba para recibir mis cariños. No. Él ya se había ido. Y fue ahí cuando me tocó: mi casa ya no era un hogar, nunca más iba a serlo. Y eso me dolió a más no poder. Ahora lo único que me queda es su mantita  y sus recuerdos, nada más. Quince años para dejar esas dos cosas y un corazón hecho pedazos que me hace sentir indefensa a más no poder. Quince años y todo el amor se queda a seis metros enterrado bajo mi patio. Quince años, dos meses y ocho días para decirme adiós con sus ojos cansados y su apego inexplicable hacia mí, junto a mi cama, y yo no pude verlo. Yo, como la más estúpida, pensé que se iba a recuperar y que nuestros días iban permanecer así, siguiendo el patrón de mi rutina: caminar hacia casa para terminar en sus brazos, que eran, sin duda alguna, mi único hogar.



sábado, 27 de julio de 2013

Mi amor tiene cuatro letras, enserio.

Aún me duele el pecho cuando te veo tan sincero y sin preocupación en mis sueños. Me encantas. Ojalá te observaras y me preguntaras qué es lo que te hace tan peligroso e inhumano. Yo encuentro consuelo en aquellos sueños pero aún me duele el pecho cuando te veo así tan despabilado, en mis brazos. Comenzaría por quitarte la pelusa de las cejas y pasaría mi nariz por tu piel para que sintieras que es verdad. Suelo ser muy fría cuando se trata de mí, pero contigo no me importaba cerrar los ojos y levantarme con la misma cara y la escarcha de mi vida. Quiero tus ojos y ronroneos, quiero tu olor en mi almohadón. Vuelve, por favor vuelve...


No habían palabras, ni un diálogo, sólo recuerdos y amor; me duele el pecho cuando te veo ahí al despertar, sin morder ni un suspiro, ni un recuerdo, ni un yo tan de ti.


Ni Londres, ni París, simplemente donde estás tú.

y con esto tocaré uno de los temas más sensibles de mi vida y lo diré sin remordimientos. Aquí voy, tres, dos, uno, Ok no, no lo diré. Perdonen mi cobardía, pero hoy en día amar a los animales no se compara con amar a las personas, y el cáncer no se compara con la diabetes y ser fanática de los libros no se compara con ser la chica más popular y ser profesora no se compara con ser doctor. Porque siempre hay algo más digno que otra cosa, algo más terrible que otra cosa, y el dolor tuyo por el mío no tiene ni patas ni cabezas. Que mal estamos señores, si seguimos comparando mi problema por el tuyo, no vamos a llegar a ninguna parte. Mis sentimientos y los tuyos son dos cosas distintas eso sí, pero de igual importancia, porque somos personas y no podemos estar rankeando la gravedad de los problemas de los otros. Si es una persona que importa y valoramos, un uno y un diez son la misma cosa, punto final.


viernes, 26 de julio de 2013

La historia interminable (adiós síndrome de Peter Pan).

y en el fondo todo se resume a que me terminé de leer un libro que me dieron hace exactamente diez años, el cual se llama la historia interminable. Es así como me doy cuenta las mil y un cosas que pasaron en estos diez años, comencé a leerlo a los trece y el tiempo pasó y me cambié de colegio para empezar la enseñanza media y así, al empezar a hacer otras cosas se me fue olvidando la historia. 

Luego en el colegio, comencé a leerlo nuevamente y, extrañamente, siempre me quedaba trancada en la página doscientos y tanto. Luego, al entrar a la universidad comencé a leerlo de nuevo, y otra vez más quedé trancada en casi el mismo capítulo de antes. Hasta que el año pasado me las di de lectora compulsiva y comencé a leer trilogías, novelas, etcétera y encontré mi preciado libro que pensé que había perdido, así que comencé a leerlo (nuevamente) y sí, quedé en el mismo capítulo, trancada en la página doscientos y tanto. 

No, es que hasta comencé a creer que de verdad el libro era la historia interminable, por mi cabeza pasaron supersticiones absurdas de que poco menos mi libro (o yo) estaba maldito, hasta que hace dos días no aguanté más y me dije a mí misma: Melissa, ni pienses en salir de tu casa hasta terminar el libro ¡no puede ser que hayan pasado diez años y todavía no sepas el final de la historia interminable! : dicho y hecho. Comencé a leerlo y es así como recordé por qué lo dejé de lado por tantos años.

 El libro es maravilloso y único, sin embargo trae a relucir ciertos aspectos que, como personas adultas, vamos dejando atrás con el tiempo: la imaginación, la niñez, lo sorprendente y lo mágico. Es por esto que me costaba tanto tomarle el ritmo a la historia después de haber dejado de leerla por tanto tiempo; ahora ya no tengo trece años, y por más que me guste de vez en cuando volver a querer ser pequeña, el mundo de las responsabilidades y la independencia es lo que se me viene al final del túnel. 

Aún así, es bonito escapar de la realidad por unas horas y darme cuenta que a pesar de que hayan pasado diez años, sigue habiendo una niña en mí que piensa que la persona que está en ese libro podría ser yo. Pero así como en los libros, los capítulos terminan y aquella historia debía terminar para así poder leer otras, y recordar, lo que hace algún tiempo me hizo sentir una niña o adolescente. Y es que ahora estoy hablando de la vida en general, los capítulos que alargué por muchos años deben concluir. Es como por ejemplo cuando ves una serie que te gustaba mucho, pero que la alargaron por veinticuatro temporadas y en el fondo piensas, hmmm, debería haber terminado en la octava y hubiese sido perfecto.

 Es así como hoy le digo adiós a mis ganas de no querer crecer (que siempre van y vienen, cuando veo que el futuro se viene de golpe), ya no postergaré mis responsabilidades ni fomentaré mi flojera en momentos de ocio, ni dejaré que mis achaques se apoderen de mí, porque he aprendido que cada momento es una oportunidad para seguir creciendo, y crecer no tiene por qué ser malo.

 Ahora soy una mujer, lista para dejar el pasado atrás, para crear mis propias historias y terminar mis capítulos cuando deben; ahora es el momento para entusiasmarme y darle frente a mi vida (que, believe it or not, está recién empezando).