miércoles, 19 de abril de 2023

Part II: The loving

Perdóname por haber leído demasiados libros acerca de filosofía pero ningún manual de cómo relacionarme con las personas. Absuélveme, entreténme, despiértame, sólo distráeme por dos segundos mientras hago como que no sé lo que está pasando aquí. Lo siento, creo que finalmente estoy llegando a alguna parte, poniendo estas cosas al viento para que se conviertan en polvo, para que se conviertan en la sensación de que has olvidado algo o en algún déjà vú o en el éxtasis de combustión lenta de lo que significa para mí echarte tanto de menos y desear que hablemos más. Me llegó ese pensamiento (del cual quería evitar hablar, pero no realmente ya que aquí estoy, mencionándolo) y ya no hay vuelta atrás así que aquí van cuatro más.

Uno, sí aprendí algo en estos años... lentamente, como algo que va creciendo paulatinamente, sólo tenía que pasar un poco de tiempo para darme cuenta porque sólo con el pasar de los años podemos entender lo que realmente importa. Dos, estas disculpas son viajes a medias, toda la distancia es infranqueable. No puedo viajar atrás en el tiempo. Tres, en el diccionario de todo lo que aún no hemos hecho, la palabra que más lamento no haber aprendido es tu cuerpo. Lamento esa falta de ambición. Me excusaba en mi juventud aunque suene paradójico, intenté hacer lo correcto, quizás no era nuestro momento aunque suene cliché y desgastado. Cuatro es el proceso. Desde el momento en el que nacemos hasta el abono al que vamos, estas mentiras mías sólo han sido minúsculas y aprendí a no saber absolutamente nada. La nada perfecta, lo que el futuro traerá no está en mis manos, lo que experimente en estas etapas de la vida serán enseñanzas para el mañana y quizás sólo al final de mis días pueda decir que hay un tanto de sabiduría en mi ser, pero no ahora. Así que escúchame, no me arrepiento de haber sido este cuerpo fallido en todo momento, pero me gustaría haber sido menos ilusa sobre la extrañeza y la brevedad de nuestro pequeño mundo. 

Siento haberme quedado atrapada en mi existencialismo y en las horas...cuando no existen. Anhelo retroceder e inundar mi yo impaciente con la sensación de un mundo sin sentir pequeñez y atemporalidad. Pero lo que más lamento profundamente fue no haber dedicado todo este tiempo irreal, a ti. A ti que creciste a mi lado. Extraño las versiones de quienes éramos cuando ambos logramos coincidir en el mismo tiempo/espacio, lo reconozco. Y aún así, en el fondo de mi corazón doblado por mi arrepentimiento, hay un gracias. Cada día que pasa es una nueva oportunidad, como siempre lo será, y eso es más que suficiente.



Part I : The longing

Le di vueltas en mi mente a las presiones sociales que nos rodean durante años. Criar hijos, ganar y perder dinero, amar, herir amigos, exprimir trozos sensibles de la vida y encontrarlos sin sentido, vacíos, desleales, idos. Alguna vez, en los espacios insensibles entre mi niñez y adolescencia me enseñaron acerca de explotación y la violencia, el coste de mi estilo de vida y el de los demás, el verdadero significado de todo lo que compro y veo pasar. Una farsa absoluta. Y sé que de alguna u otra manera cada enunciado está empapado en sangre, que el lenguaje mismo desaparece. Este abuso, este control, esta explotación para enriquecernos se apodera de nosotros y pareciese que no hay vuelta atrás. Y lo siento por la niña de 9 años que hay en mí, que vio venir estas páginas y tomó el camino fácil, con audífonos puestos para ahogar los gritos y pensar ingenuamente que la vida no iba a ser así. Avancé rápido por mi anhelo de ascender de categoría, comprando pasto falso para mi jardín, pasto falso para mis tardes, mintiendo por la ingenuidad de mi necesidad de llenar vacíos con consumismo, consciente de lo avergonzada que estaba por aquellas decisiones que tomé.
Perdón por todas las versiones de mí misma. Perdón por la doble cara de mi llamado liberalismo y la crueldad de mis bromas. Perdón por la falta de apertura mental. Siento haber sido negligente y no haber descubierto lo que mi cuerpo podía hacer. Estaba tan celosa, como el lado invernal de la tierra que ve la primavera trotar al ritmo del romance. Estoy tan asustada y apenada de estar castigada, atrapada, dependiente de las bebidas energéticas, débil, y quizás sonaría hasta un poco divertido si no estuviera tan terriblemente triste.
Y he vivido mi vida con las palabras de mis ancestros en mi mente. No te equivoques, no tropieces, no le temas a los cambios de la pubertad, a las enfermedades, a la muerte. No entierres el verdadero significado de la vergüenza en la intención superficial de pedir perdón. Y me gustaría alabar más las cosas, ser más respetuosa, adorar las superficies, y las texturas, y los sistemas que están fuera de mi alcance. Y sigo espiando y pelando y revelando y desnudándome, bajando la cremallera de mi piel pecaminosa, desaprendiéndome de las cosas en las que he estado viviendo. Pidiéndole perdón a mi hígado, a mis riñones, a mi cerebro y a mis ojos por el daño que he hecho, por las veces que di por sentados los beneficios de la buena comida, el agua limpia, el viento y la lluvia. Y de repente, como en el sueño en el que corres y corres y empiezas a sentir la clara posibilidad de que, en el suelo de la tierra, un cuerpo podría haber sido lanzado hacia abajo por la presión, pero no necesariamente significa que está atascado allí. No es un cuerpo realmente definido por esa relación, medio oyendo, casi sintiendo en el sueño la posibilidad de la subida. Lamenté mucho haber sido tan poco ambiciosa. Nunca intenté sentir el sueño de elevarme, y tener fe en que el siguiente paso debería haber dejado de tocar la tierra con mis pies y dejar que estos se alzaran para poder haber demandado colores más iridiscentes y hermosos de los atardeceres, en vez de haberme conformado con los que no tenían la magia de los que alguna vez anhelé.








jueves, 3 de enero de 2019

El revés de mi alma.

Una tarde estaba sentada en uno de los lugares a los que voy cuando me quiero alejar del mundo. M llegó a mi lugar, y mientras intentaba sobarme fuertemente los brazos para que se me fuera la piel de gallina, le dije que a veces me sentía insensible, que no sentía nada en lo absoluto. Pero eso no era verdad.

 Me siento profundamente hundida en un sentimiento que me impide descifrarme a mí misma. Hay días en los cuales me siento como un amnésico. Veo caras en autos vacíos, siento perfumes que me recuerdan al pasado, veo detalles de los que me han dañado en personas que quizás son buenas. Veo gestos, rasgos y expresiones que me recuerdan el daño que alguna vez sentí y que me destruyó casi por completo y no puedo abrir los ojos nuevamente sin sentirlos completamente mojados y no puedo soportar la vergüenza de caminar con esos ojos visiblemente tristes. En esos momentos dejo de ser yo, un huésped se apodera de mi cuerpo y drena por completo mis sentimientos de amor y resiliencia. En momentos así quiero desaparecer del mundo, me duele no poder retroceder el tiempo para poder abrazar a una niña de seis años con pelo negro y ojos oscuros que sufría porque a tan corta edad tuvo que experimentar una crueldad que la cambió por completo. Quisiera abrazarla y sostenerla en mis brazos. Quisiera escucharla y pedirle que no permita que esto la cambie. Decirle que su corazón es tierno y puro, que las personas insensibles son las que están dañadas y no ella. Que ella es hermosa y buena porque era capaz de darlo todo por ver a alguien sonreír. Le diría que se mantuviera fuerte y que mi abrazo la llenara de esperanzas de que algún día todo cambiaría. Quizás un abrazo o un simple gesto de humanidad podrían haber hecho la diferencia pero tuvo que pasar por ello de manera silenciosa y dolorosa, y hay días en que puedo sentir su dolor como si hubiese retrocedido 20 años y no puedo soportarlo. Desearía poder cambiarlo pero estoy segura que si eso ocurriese yo no sería la persona que soy hoy en día. Lucho bastante con esto pero lo creo de verdad y sé que es porque en el fondo nunca he dudado del amor que me tengo a pesar de mis días difíciles. La tristeza es momentánea y la siento porque formó parte de mi vida, porque soy un ser humano, porque soy sensible y porque llevo el corazón en la mano la mayor parte del tiempo. No quiero disculparme por sentir, pero a veces me duele mucho recordarlo y no puedo evitarlo. No encuentro las palabras para decirlo en voz alta, aún no sé cómo compartir mis partes más dolorosas con otra persona aunque confíe en ella y lo siento mucho, lo siento de verdad.

M me mira con sus ojos tristes y no puedo decirle que lo quiero mirándolo a los ojos, no ahora. Sólo lo miro y pido que por favor me entienda, que vea a través de mí, que no me haga preguntas, que sólo se quede aquí. Y lo hace. En silencio me acompaña, toma mis manos, me inundo en su aroma y siento su amor por todo mi cuerpo...





sábado, 8 de diciembre de 2018

Melissa

Sin importar las circunstancias de la vida, sé siempre la mejor persona que puedas ser y sé pura con tus intenciones. En el futuro te darás cuenta que cómo eres con los demás y contigo misma es por lo que serás recordada. Sabes que el dolor es inevitable y que siempre existirá, pero si te concentras en entender lo que eres y lo que sientes y por qué lo estás sintiendo, podrás sobreponerte. Lo sé porque tu resiliencia y sensibilidad son una de las cosas que más aprecio de ti.

Con el tiempo te diste cuenta que las expectativas que tenemos generalmente no corresponden a la realidad, y siempre nos decepcionábamos cuando esto pasaba. Nos decepcionamos cuando esperamos ser tratados de la misma manera como tratamos a los demás, pero cuando comienzas a darte cuenta que todos los que te rodean están viviendo etapas diferentes, pensando diferente y tomando sus propias decisiones, puedes aceptar el hecho de que las personas no comparten el mismo corazón y mente que tú. Y está bien. Cuando quieras sentir tranquilidad debes dejar ir eso y empezar por ti misma. Crea tus propias metas y vívelas al ritmo que tú quieras, sin presiones externas sino que porque las sientes de corazón. Sé la persona de la que te enorgullezcas, sé un ejemplo, muestra respeto y sobretodo, empatía. Los otros puede que no cambien, pero quiero que sepas que tú no estás aquí para salvar a los demás, no desgastes tu corazón o energías en intentar cambiarlos, eso es algo que sólo ellos pueden hacer por sí mismos. Deséales paz y sanación pero déjalos ir, y siéntete orgullosa de la persona que eres.

Lo más hermoso acerca de ti, poco debería tener que ver con tu cara o tu cuerpo sino que con lo que hay en tu corazón. Es nuestra actitud mental y emocional lo que hace el mundo lo que es hoy para nosotros, nuestros pensamientos son los que hacen las cosas hermosas o feas, no nuestros ojos. El mundo entero está en nuestra mente. Aprende a ver las cosas con la luz apropiada. Aprende a ver almas en vez de cuerpos, al usar tu alma en vez de tus ojos.

Quiero que sepas que la belleza está en la manera en como cuidas de ti, en como eres con los demás, sobre todo con quienes te quieren y te lo demuestran. La forma en como amas, es aceptarte a ti misma. Nunca te avergüences de tu sensibilidad ni de esa maravillosa manera que tienes de entregar amor. Nunca olvides que la verdadera belleza está en tu alma y que siempre, siempre te querré con todo mi corazón. 


domingo, 29 de abril de 2018

Pídele al tiempo que (no) vuelva atrás.

Revisando la despensa encontré aquél álbum de fotos que pensé que se había quedado en el olvido. Lo hojeé y hojeé y vi pasar nuestras vidas en una serie de imágenes que lo decían todo. Pensé que nunca iba a encontrar nuestra primera foto juntos. Recuerdo ese momento. Recuerdo aquél lugar. Ni siquiera estábamos tan entusiasmados, pero tú, gentilmente rodeaste tus brazos por mis hombros y ambos sonreímos cuando sonó el flash. La estoy tocando en este preciso momento. Lucías tedioso y yo cansada, pero felices. Tenía el pelo de un color distinto y tú solías afeitarte más de la cuenta. Lucías tan joven y hermoso. Nos fuimos caminando en silencio, sonriendo, escuchando sólo nuestros propios pasos. Paseando por lugares desconocidos...

 Miraba hacia el suelo, quería mirarte pero por una extraña razón ya no podía. Me preguntaste si pasaba algo, de una manera casual. En ese instante paramos. Era momento de irnos. Me miraste y me dijiste "gracias por todo, gracias". Sonabas tan sincero, no supe que hacer. Aquél día supe que me iba a enamorar de ti. No sé por qué no te besé en ese momento. Tuve miedo. Siempre he sido mala para percibir señales y tampoco te conocía tan bien, no sabía como podrías reaccionar. Nunca he sido de esas personas que hacen cosas de manera repentina. 

Dos semanas después nos juntamos, empezó a llover y comenzamos a caminar, lentamente, por las calles desiertas de nuestra ciudad. Quisiste parar para prender un cigarro bajo un árbol y empezaste a hablarme, ya no recuerdo de qué. Sólo miraba tus ojos, me acerqué y te abracé. Era la primera vez que hacía algo tan impulsivo. Me estaba enamorando de ti y no me daba cuenta. Despegué mis brazos de tu espalda. Te miré a los ojos. Fijamente, mostrándome más vulnerable que nunca y te besé. Tan cursi y románticamente como sucede en aquellas películas, lo hice. Y tú también. Pensar que eso ya pasó hace 20 años atrás. Hay fotos de todos los lugares que visitamos. De nuestro primer departamento. De nuestras primeras mascotas. De nuestros hijos, todo plasmado en estas viejas hojas transparentes. 

Si pudiera retroceder el tiempo, si pudiese tener 20 años nuevamente quizás hubiese preferido dejar de exprimirme el cerebro estudiando, esperando el momento a que sucediera, y lo hubiese aprovechado para tener aquellos días extra contigo. También te hubiese escrito una carta; una carta para darte las gracias. Por haberte cruzado en mi vida, por lo inmensamente feliz que me harás, por lo inmensamente feliz que te haré. Por nuestros hijos. Por nuestra vida. Por decirme todos los días lo mucho que me quieres. Por ser la persona que eres, por salvarme. Por siempre creer en mí. Por ser mi mejor amigo. Por enseñarme tantas cosas. Por esperarme y por ver más allá de lo que todos veían. Y te la entregaría hoy. Mientras estás sentado a mi lado, hojeando este álbum conmigo, besándome y abrazándome, así como te abracé yo, hace 20 años atrás bajo ese árbol por las calles desiertas de nuestra ciudad.






miércoles, 25 de abril de 2018

Tú y yo.

Estoy acostada, escribiendo estas palabras mientras tú me preparas mis panqueques favoritos, como lo haces todos los domingos. Te miro, y a pesar de los años sigo viendo el mismo amor que observé la primera vez que nos juntamos. No estaba segura al principio, porque nunca lo estoy cuando se trata de estas cosas. Para mi estar sola nunca ha sido doloroso, todo lo contrario, lo añoraba y temía perder mi libertad cuando llegara alguien. Pero eso es lo que no te dicen del amor, cada uno lo construye de manera diferente, y contigo me siento más libre que nunca. No lo sabía en ese entonces pero con el tiempo supe que eras tú, que eras mío y que yo era tuya. No había tiempo que perder, ¿por qué querría hacerlo? Si te conocí y todo lo que esperaba de alguien estaba en ti. Tú y tu ternura, tú y tu manera de hacerme sentir especial de maneras que no puedo explicar. Te miro y veo lo feliz que eres conmigo que a veces me da ganas de romper en llanto porque no puedo creer lo feliz que soy por finalmente haberte encontrado. Tengo y siento tu cariño, tu amor y comprensión todos los días. Nunca pensé que allá afuera habría alguien como yo, siempre he sido muy cuidadosa y no tenía muchas esperanzas en encontrar el amor porque sé como funcionan la mayoría de las relaciones. Por lo mismo, nunca quise algo esporádico u ordinario para mi. Necesitaba una entrega total, a alguien bueno y hermoso de alma como sé que lo eres tú. Y estás aquí, conmigo. Te amo tanto, no puedo evitarlo, te amo porque lo hago con libertad. No me siento atada a ti, sino que yo elijo que formes parte de mí, como mi complemento y como el hombre con el que quiero estar por el resto de mis días, te amo con todo mi corazón.  Adoro despertar contigo, caminar por los campos y la playa y sentir tu mirada cuando piensas que no estoy mirando. Adoro como besas mis manos y como me hueles. Adoro tu alma, que es como si fuese de una época diferente al igual que la mía. Adoro tu independencia y la forma como llevas tu vida, adoro como eres tú. Estoy tan feliz junto a ti que a veces me pongo a pensar en la idea de qué hubiese pasado si en un universo paralelo, en vez de estar aquí y haber elegido una vida hermosa junto a mí, me hubieses roto el corazón.



viernes, 23 de marzo de 2018

Dedicado a todos aquellos hombres que se auto-proclaman feministas (pero que en realidad no lo son)

Cuando tenga una hija quiero mostrarle las escritoras más emotivas que he leído: rupi kaur, lang leav, sylvia plath, nayirrah waheed, maya angelou. Quiero que aprenda acerca del arte detrás de la sanación, el poder de su propia belleza, el peso de su propio valor como persona. Quiero que lea a estas poetas y que crezca más allá de sí misma. Y por esta misma razón, no quiero mostrarle la TUYA. ¿Por qué? Porque vas a romperle sus alas y tirarlas al suelo, porque vas quitar sus hojas de sus ramas y a remover los pétalos de sus flores. Tú escribes acerca de estar rota y ser frágil como si fuese un labial color rosa, como si ser aplastada es lo que la hará ser adorada por otros. No dejaré que mi hija piense que estar rota, ser pequeña y guardar silencio es la forma de encontrar a alguien que la ame. No dejaré que se convenza a sí misma que llorar en la ducha y morirse de hambre es el camino para encontrar a la persona indicada. No la dejaré leer acerca de qué tipos de mujeres merecen respeto y en qué se tiene que convertir para ser apreciada. No la dejaré interiorizar la competencia absurda entre otras mujeres, sus hermanas. Ella aprenderá que es respetable y valiosa porque ella existe. Ella aprenderá que estar enojada está bien, que ser fuerte está bien y que luchar por sus derechos fervorosamente es algo que la tiene que llenar de orgullo. Ella crecerá sabiendo que no es más o menos que cualquier otra mujer y que las mujeres que la rodean no son su competencia ni sus enemigas. Ella aprenderá que no es un puzzle incompleto, y que por medio de su resiliencia y fuerza interna aprenderá a levantarse frente a lo adverso. No hay absolutamente nada feminista al decir qué tipo de mujeres tienen valor. TODAS somos valiosas, y lo que puede ser bronce para ti, puede ser oro para otros. No es feminista al proclamar a una mujer rota como tú trofeo. Nuestra tristeza no es un premio que tienes que ganarte. Si tratas de arreglarnos sólo para incluir un nombre más en tu lista de victorias, no eres mejor que el que nos hizo ser así en primer lugar. Y lo que más me enoja es que no hay nada feminista al hacer dinero o conseguir más seguidores o fama por medio de nuestras experiencias. Deja de escribir acerca de nosotras, escribe acerca de ti mismo, nosotras estamos aquí para escribir nuestras propias historias. Ser feminista es más que escribir acerca de las mujeres. Es más que llamarnos "bonitas" cuando subimos una foto y esperar tu nota de agradecimiento por el simple hecho de creer que tu machismo lo merece. Si levantas a una mujer pero aplastas a otras, si ves nuestra lucha como algo romántico, si nos reduces a premios y bebidas alcohólicas, si esperas a que aplaudamos tus palabras hermosas porque te proclamas HOMBRE FEMINISTA pero en la vida real no eres capaz de respetarnos un poco y tan sólo esperas que esta táctica te ayude a conseguir aprobación y/o sexo déjame decirte que yo sí puedo ver a través de ti y me encargaré que todas mis hermanas puedan verte como el animal sin corazón y despiadado que eres. Así que no, no le mostraré tu "poesía" a mis hijas. Y espero que mis hermanas no se las muestren a las suyas, tampoco.