Perdóname por haber leído demasiados libros acerca de filosofía pero ningún manual de cómo relacionarme con las personas. Absuélveme, entreténme, despiértame, sólo distráeme por dos segundos mientras hago como que no sé lo que está pasando aquí. Lo siento, creo que finalmente estoy llegando a alguna parte, poniendo estas cosas al viento para que se conviertan en polvo, para que se conviertan en la sensación de que has olvidado algo o en algún déjà vú o en el éxtasis de combustión lenta de lo que significa para mí echarte tanto de menos y desear que hablemos más. Me llegó ese pensamiento (del cual quería evitar hablar, pero no realmente ya que aquí estoy, mencionándolo) y ya no hay vuelta atrás así que aquí van cuatro más.
Uno, sí aprendí algo en estos años... lentamente, como algo que va creciendo paulatinamente, sólo tenía que pasar un poco de tiempo para darme cuenta porque sólo con el pasar de los años podemos entender lo que realmente importa. Dos, estas disculpas son viajes a medias, toda la distancia es infranqueable. No puedo viajar atrás en el tiempo. Tres, en el diccionario de todo lo que aún no hemos hecho, la palabra que más lamento no haber aprendido es tu cuerpo. Lamento esa falta de ambición. Me excusaba en mi juventud aunque suene paradójico, intenté hacer lo correcto, quizás no era nuestro momento aunque suene cliché y desgastado. Cuatro es el proceso. Desde el momento en el que nacemos hasta el abono al que vamos, estas mentiras mías sólo han sido minúsculas y aprendí a no saber absolutamente nada. La nada perfecta, lo que el futuro traerá no está en mis manos, lo que experimente en estas etapas de la vida serán enseñanzas para el mañana y quizás sólo al final de mis días pueda decir que hay un tanto de sabiduría en mi ser, pero no ahora. Así que escúchame, no me arrepiento de haber sido este cuerpo fallido en todo momento, pero me gustaría haber sido menos ilusa sobre la extrañeza y la brevedad de nuestro pequeño mundo.
Siento haberme quedado atrapada en mi existencialismo y en las horas...cuando no existen. Anhelo retroceder e inundar mi yo impaciente con la sensación de un mundo sin sentir pequeñez y atemporalidad. Pero lo que más lamento profundamente fue no haber dedicado todo este tiempo irreal, a ti. A ti que creciste a mi lado. Extraño las versiones de quienes éramos cuando ambos logramos coincidir en el mismo tiempo/espacio, lo reconozco. Y aún así, en el fondo de mi corazón doblado por mi arrepentimiento, hay un gracias. Cada día que pasa es una nueva oportunidad, como siempre lo será, y eso es más que suficiente.





