sábado, 8 de diciembre de 2018

Melissa

Sin importar las circunstancias de la vida, sé siempre la mejor persona que puedas ser y sé pura con tus intenciones. En el futuro te darás cuenta que cómo eres con los demás y contigo misma es por lo que serás recordada. Sabes que el dolor es inevitable y que siempre existirá, pero si te concentras en entender lo que eres y lo que sientes y por qué lo estás sintiendo, podrás sobreponerte. Lo sé porque tu resiliencia y sensibilidad son una de las cosas que más aprecio de ti.

Con el tiempo te diste cuenta que las expectativas que tenemos generalmente no corresponden a la realidad, y siempre nos decepcionábamos cuando esto pasaba. Nos decepcionamos cuando esperamos ser tratados de la misma manera como tratamos a los demás, pero cuando comienzas a darte cuenta que todos los que te rodean están viviendo etapas diferentes, pensando diferente y tomando sus propias decisiones, puedes aceptar el hecho de que las personas no comparten el mismo corazón y mente que tú. Y está bien. Cuando quieras sentir tranquilidad debes dejar ir eso y empezar por ti misma. Crea tus propias metas y vívelas al ritmo que tú quieras, sin presiones externas sino que porque las sientes de corazón. Sé la persona de la que te enorgullezcas, sé un ejemplo, muestra respeto y sobretodo, empatía. Los otros puede que no cambien, pero quiero que sepas que tú no estás aquí para salvar a los demás, no desgastes tu corazón o energías en intentar cambiarlos, eso es algo que sólo ellos pueden hacer por sí mismos. Deséales paz y sanación pero déjalos ir, y siéntete orgullosa de la persona que eres.

Lo más hermoso acerca de ti, poco debería tener que ver con tu cara o tu cuerpo sino que con lo que hay en tu corazón. Es nuestra actitud mental y emocional lo que hace el mundo lo que es hoy para nosotros, nuestros pensamientos son los que hacen las cosas hermosas o feas, no nuestros ojos. El mundo entero está en nuestra mente. Aprende a ver las cosas con la luz apropiada. Aprende a ver almas en vez de cuerpos, al usar tu alma en vez de tus ojos.

Quiero que sepas que la belleza está en la manera en como cuidas de ti, en como eres con los demás, sobre todo con quienes te quieren y te lo demuestran. La forma en como amas, es aceptarte a ti misma. Nunca te avergüences de tu sensibilidad ni de esa maravillosa manera que tienes de entregar amor. Nunca olvides que la verdadera belleza está en tu alma y que siempre, siempre te querré con todo mi corazón. 


domingo, 29 de abril de 2018

Pídele al tiempo que (no) vuelva atrás.

Revisando la despensa encontré aquél álbum de fotos que pensé que se había quedado en el olvido. Lo hojeé y hojeé y vi pasar nuestras vidas en una serie de imágenes que lo decían todo. Pensé que nunca iba a encontrar nuestra primera foto juntos. Recuerdo ese momento. Recuerdo aquél lugar. Ni siquiera estábamos tan entusiasmados, pero tú, gentilmente rodeaste tus brazos por mis hombros y ambos sonreímos cuando sonó el flash. La estoy tocando en este preciso momento. Lucías tedioso y yo cansada, pero felices. Tenía el pelo de un color distinto y tú solías afeitarte más de la cuenta. Lucías tan joven y hermoso. Nos fuimos caminando en silencio, sonriendo, escuchando sólo nuestros propios pasos. Paseando por lugares desconocidos...

 Miraba hacia el suelo, quería mirarte pero por una extraña razón ya no podía. Me preguntaste si pasaba algo, de una manera casual. En ese instante paramos. Era momento de irnos. Me miraste y me dijiste "gracias por todo, gracias". Sonabas tan sincero, no supe que hacer. Aquél día supe que me iba a enamorar de ti. No sé por qué no te besé en ese momento. Tuve miedo. Siempre he sido mala para percibir señales y tampoco te conocía tan bien, no sabía como podrías reaccionar. Nunca he sido de esas personas que hacen cosas de manera repentina. 

Dos semanas después nos juntamos, empezó a llover y comenzamos a caminar, lentamente, por las calles desiertas de nuestra ciudad. Quisiste parar para prender un cigarro bajo un árbol y empezaste a hablarme, ya no recuerdo de qué. Sólo miraba tus ojos, me acerqué y te abracé. Era la primera vez que hacía algo tan impulsivo. Me estaba enamorando de ti y no me daba cuenta. Despegué mis brazos de tu espalda. Te miré a los ojos. Fijamente, mostrándome más vulnerable que nunca y te besé. Tan cursi y románticamente como sucede en aquellas películas, lo hice. Y tú también. Pensar que eso ya pasó hace 20 años atrás. Hay fotos de todos los lugares que visitamos. De nuestro primer departamento. De nuestras primeras mascotas. De nuestros hijos, todo plasmado en estas viejas hojas transparentes. 

Si pudiera retroceder el tiempo, si pudiese tener 20 años nuevamente quizás hubiese preferido dejar de exprimirme el cerebro estudiando, esperando el momento a que sucediera, y lo hubiese aprovechado para tener aquellos días extra contigo. También te hubiese escrito una carta; una carta para darte las gracias. Por haberte cruzado en mi vida, por lo inmensamente feliz que me harás, por lo inmensamente feliz que te haré. Por nuestros hijos. Por nuestra vida. Por decirme todos los días lo mucho que me quieres. Por ser la persona que eres, por salvarme. Por siempre creer en mí. Por ser mi mejor amigo. Por enseñarme tantas cosas. Por esperarme y por ver más allá de lo que todos veían. Y te la entregaría hoy. Mientras estás sentado a mi lado, hojeando este álbum conmigo, besándome y abrazándome, así como te abracé yo, hace 20 años atrás bajo ese árbol por las calles desiertas de nuestra ciudad.






miércoles, 25 de abril de 2018

Tú y yo.

Estoy acostada, escribiendo estas palabras mientras tú me preparas mis panqueques favoritos, como lo haces todos los domingos. Te miro, y a pesar de los años sigo viendo el mismo amor que observé la primera vez que nos juntamos. No estaba segura al principio, porque nunca lo estoy cuando se trata de estas cosas. Para mi estar sola nunca ha sido doloroso, todo lo contrario, lo añoraba y temía perder mi libertad cuando llegara alguien. Pero eso es lo que no te dicen del amor, cada uno lo construye de manera diferente, y contigo me siento más libre que nunca. No lo sabía en ese entonces pero con el tiempo supe que eras tú, que eras mío y que yo era tuya. No había tiempo que perder, ¿por qué querría hacerlo? Si te conocí y todo lo que esperaba de alguien estaba en ti. Tú y tu ternura, tú y tu manera de hacerme sentir especial de maneras que no puedo explicar. Te miro y veo lo feliz que eres conmigo que a veces me da ganas de romper en llanto porque no puedo creer lo feliz que soy por finalmente haberte encontrado. Tengo y siento tu cariño, tu amor y comprensión todos los días. Nunca pensé que allá afuera habría alguien como yo, siempre he sido muy cuidadosa y no tenía muchas esperanzas en encontrar el amor porque sé como funcionan la mayoría de las relaciones. Por lo mismo, nunca quise algo esporádico u ordinario para mi. Necesitaba una entrega total, a alguien bueno y hermoso de alma como sé que lo eres tú. Y estás aquí, conmigo. Te amo tanto, no puedo evitarlo, te amo porque lo hago con libertad. No me siento atada a ti, sino que yo elijo que formes parte de mí, como mi complemento y como el hombre con el que quiero estar por el resto de mis días, te amo con todo mi corazón.  Adoro despertar contigo, caminar por los campos y la playa y sentir tu mirada cuando piensas que no estoy mirando. Adoro como besas mis manos y como me hueles. Adoro tu alma, que es como si fuese de una época diferente al igual que la mía. Adoro tu independencia y la forma como llevas tu vida, adoro como eres tú. Estoy tan feliz junto a ti que a veces me pongo a pensar en la idea de qué hubiese pasado si en un universo paralelo, en vez de estar aquí y haber elegido una vida hermosa junto a mí, me hubieses roto el corazón.



viernes, 23 de marzo de 2018

Dedicado a todos aquellos hombres que se auto-proclaman feministas (pero que en realidad no lo son)

Cuando tenga una hija quiero mostrarle las escritoras más emotivas que he leído: rupi kaur, lang leav, sylvia plath, nayirrah waheed, maya angelou. Quiero que aprenda acerca del arte detrás de la sanación, el poder de su propia belleza, el peso de su propio valor como persona. Quiero que lea a estas poetas y que crezca más allá de sí misma. Y por esta misma razón, no quiero mostrarle la TUYA. ¿Por qué? Porque vas a romperle sus alas y tirarlas al suelo, porque vas quitar sus hojas de sus ramas y a remover los pétalos de sus flores. Tú escribes acerca de estar rota y ser frágil como si fuese un labial color rosa, como si ser aplastada es lo que la hará ser adorada por otros. No dejaré que mi hija piense que estar rota, ser pequeña y guardar silencio es la forma de encontrar a alguien que la ame. No dejaré que se convenza a sí misma que llorar en la ducha y morirse de hambre es el camino para encontrar a la persona indicada. No la dejaré leer acerca de qué tipos de mujeres merecen respeto y en qué se tiene que convertir para ser apreciada. No la dejaré interiorizar la competencia absurda entre otras mujeres, sus hermanas. Ella aprenderá que es respetable y valiosa porque ella existe. Ella aprenderá que estar enojada está bien, que ser fuerte está bien y que luchar por sus derechos fervorosamente es algo que la tiene que llenar de orgullo. Ella crecerá sabiendo que no es más o menos que cualquier otra mujer y que las mujeres que la rodean no son su competencia ni sus enemigas. Ella aprenderá que no es un puzzle incompleto, y que por medio de su resiliencia y fuerza interna aprenderá a levantarse frente a lo adverso. No hay absolutamente nada feminista al decir qué tipo de mujeres tienen valor. TODAS somos valiosas, y lo que puede ser bronce para ti, puede ser oro para otros. No es feminista al proclamar a una mujer rota como tú trofeo. Nuestra tristeza no es un premio que tienes que ganarte. Si tratas de arreglarnos sólo para incluir un nombre más en tu lista de victorias, no eres mejor que el que nos hizo ser así en primer lugar. Y lo que más me enoja es que no hay nada feminista al hacer dinero o conseguir más seguidores o fama por medio de nuestras experiencias. Deja de escribir acerca de nosotras, escribe acerca de ti mismo, nosotras estamos aquí para escribir nuestras propias historias. Ser feminista es más que escribir acerca de las mujeres. Es más que llamarnos "bonitas" cuando subimos una foto y esperar tu nota de agradecimiento por el simple hecho de creer que tu machismo lo merece. Si levantas a una mujer pero aplastas a otras, si ves nuestra lucha como algo romántico, si nos reduces a premios y bebidas alcohólicas, si esperas a que aplaudamos tus palabras hermosas porque te proclamas HOMBRE FEMINISTA pero en la vida real no eres capaz de respetarnos un poco y tan sólo esperas que esta táctica te ayude a conseguir aprobación y/o sexo déjame decirte que yo sí puedo ver a través de ti y me encargaré que todas mis hermanas puedan verte como el animal sin corazón y despiadado que eres. Así que no, no le mostraré tu "poesía" a mis hijas. Y espero que mis hermanas no se las muestren a las suyas, tampoco.





jueves, 8 de febrero de 2018

Yo antes de mí.

No me sentí inadecuada hasta los 15, cuando mi cuerpo comenzó a desarrollarse y los chicos de mi colegio comenzaron a ver mis caderas y mi trasero con sus labios salivando. Ellos ya no querían hablar de libros o de lo que querían ser cuando grandes. Toda conversación, por muy inocente o trivial que fuese conllevaba a hablar de sexo. Como si, de pronto, lo único que les interesara fuese llegar a tocar todas aquellas partes nuevas y desconocidas de mi cuerpo. Las partes que no sabía cómo vestir, porque en un verano pasé de tener cuerpo de niña al de una mujer y me sentía avergonzada por ello. Ellos decían 'tetas' y 'culo' y odiaba esas palabras porque aunque se referían a mi cuerpo no me pertenecían a mí, le pertenecían a ellos. Me incomodaban los abrazos imprevistos, o todo tipo de 'juego' que incluía tocar mi cuerpo, aunque pareciera inocente porque en el fondo sabía que no lo era. 'déjame verlas' decía él. No hay nada que ver excepto culpa y vergüenza. Sentía cómo de a poco me hacía más pequeña, cómo sentía unas ganas inmensas de desaparecer de la faz de la tierra y que ya nadie me viera. Decidí que odiaba mi cuerpo y que debí haber hecho algo horrible para merecerlo. Cuando volvía a casa le decía a mi abuela que los hombres allá afuera estaban hambrientos y ella me decía que ya no debía vestirme con mis pechos al descubierto, me dijo que los hombres tendrán hambre si ven frutas, me dijo que debía usar ropa más holgada, sentarme con las piernas cerradas o los hombres se enojarán y pelearán, dijo que podría ahorrarme toda molestia si aprendía a comportarme como una señorita y vestir y hablar como una señorita, pero eso para mí no tenía sentido alguno. No puedo hacer oídos sordos alrededor del hecho de que tengo que convencer a más de la mitad de la población que mi cuerpo no es su cama. Estoy ocupada aprendiendo las consecuencias de mi feminidad cuando debería estar aprendiendo ciencias o matemáticas. Me aterra volver a las clases de gimnasia y ver mis muslos expuestos cuando hago volteretas, siendo yo y mis otras hermanas el espectáculo de ellos, y debo pretender que eso es normal, que así es como actúan los hombres, y que debo aceptar que usar calzas ajustadas podría incentivar pensamientos de lujuria en sus cabezas y que debo sentirme sexy y agradecida por ello porque significa que soy deseada y eso es todo lo que una mujer quiere al salir de la pre-adolescencia. Sentirse mujer, sentirse sexy y halagada por hombres que noten interés en llevarse el primer mordisco de mi fruta. No me voy a someter a su ideología, porque tachar a una mujer de puta o zorra públicamente o alabar la virginidad forma parte de la cultura de violación. No soy un maniquí en la vitrina de tu tienda favorita. No me puedes decir cómo vestir o cuando desvestirme para tu propio placer, estoy cansada de ocupar mi idioma y lenguaje corporal para demandar respeto. Estoy cansada de que 10 años más tarde sigas sintiéndote con el derecho de hacer analogías de cómo se ven mis pechos, de hablarme del tamaño de mi culo, de creer que mi desnudez sólo está ahí para tú placer y no porque es mi orgullo, y que después de tantos años y a pesar de tu abuso psicológico finalmente puedo sentirlo mío, sentirlo hermoso, sentirlo único. Sentir que finalmente no es morboso, sentir que es arte porque eso es el cuerpo de toda mujer. Sólo espero que en unos años más, cuando tú hija vuelva a casa y te preguntes por qué es tan infeliz sin poder entenderlo, que no te sorprenda que quizás la respuesta es que su entorno está lleno de hombres como tú. Espero que sientas vergüenza, así como la sentí yo la primera vez que dijiste 'tetas' en voz alta, sólo para sentir poder sobre mí. Tú eres todos los hombres que existen hoy que aún no son capaces de verme como una persona, que no es capaz de empatizar, que no es capaz de ver cómo tus palabras sexistas pueden destrozar a alguien por dentro. 

domingo, 14 de enero de 2018

Call me by your name (and I'll call you by mine)

Era el segundo día que nos veíamos desde nuestro primer encuentro. Mi corazón estaba en el estómago y durante todo mi trayecto pensaba en cómo debería saludarte a pesar de que ya nos habíamos dado nuestro primer beso. Cuando te divisé a la distancia, dejé de pensar y corrí a besarte como si ya fueras mío desde hace mucho tiempo. Te abracé y en mi abrazo besé tu cuello y acaricié con mis dedos tu pelo negro. Tomados de las manos, nos sentamos en aquellas escaleras que se transformaron en nuestro lugar recurrente. Me hablaste de lo mucho que me echabas de menos, que odiabas haberte enfermado el día anterior porque significaba que pasaste un día menos sin mi. Como si un día más conmigo fuese el regalo más preciado que podrías haber pedido. Sentados ahí, me sentía completamente frágil y asustada por finalmente tener tú rostro frente a mí. Encontré belleza. No en tus labios, sino que en las palabras suaves que los separaban. Y tus ojos no eran hermosos por su color, sino que porque finalmente se encontraron con los míos. Los días que pasamos separados me imaginaba ese momento en el cual eventualmente te tendría frente mío y no sabía como afrontar mi fantasía hecha realidad. No podía creer que tenía al hombre con el que me imaginaba una vida entera en aquél lugar conmigo, entrelazando mis manos, tocando mis piernas, llenándome de amor. No tienes idea de lo especial que eras. Eras real, eras diferente. Un pétalo suave rodeado de espinas en su exterior. Pero yo veía la sublimidad en ti, sentía que te conocía desde siempre. 

Tomé tu cara con mis dos manos y comencé a acariciarla mientras, de a poco, besaba tus mejillas y tus ojos y tú nariz, hasta llegar a tus labios. Después de cada beso no quería despegar mi cara de la tuya, por lo que me quedaba rozándola con tus mejillas y sentía como tú hacías el mismo ritual conmigo. Todo se sentía íntimo y rodeado de una extrema ternura. Cuando te besaba no sentía que besaba sólo tus labios, sino que también tu alma, tu vulnerabilidad, tu fragilidad. Sentía ternura, sentía erotismo, pero sobre todo amor. Nunca te dije lo especial que fueron esos momentos para mí, algo tan simple y tierno como estar sentados en una escalera, cautivada por tu sensibilidad y la esencia de ti. Yo escuchándote y acariciándote, y tú siendo vulnerable conmigo al punto de contarme partes de ti que sé que hasta el día de hoy no compartes con nadie. Lo recuerdo todo.

Desearía haber tenido ese día extra contigo cuando te enfermaste, desearía volver a sentirme así una vez más. Cuando mi amor era puro, cuando me sentía completamente entregada a ti. Volver a impregnarme de tu aroma dulce. Abrazarte como si quisiera unirme a ti. Cuando mi deseo era parte del amor que estaba sintiendo. Cuando pronunciaba tu nombre suavemente sólo para sentir que, con tus ojos reflejándose en los míos, yo ya era de ti. Frecuentemente, nos imaginaba tomados de las manos viendo nuestras películas favoritas. O sentados bajo los árboles con tu cabeza en mis piernas. Escuchando tu risa al pasar el día y observando los lunares de tu cuello cuando piensas que no te estoy mirando. Y todo lo que podía hacer, era esperar a que cuando tus ojos se cerraran, tu mente se llenara de pensamientos de mi. Porque a pesar de ser joven e inexperimentada, podría haber pasado el resto de mi vida buscando sentir algo similar, sin nunca haber encontrado algo tan hermoso como la manera en cómo me mirabas cuando nuestras almas se conectaban.