Me siento frente a ti como siempre. Ya no sé si te veo a ti o solo es
una sombra de lo que eres. De verdad que quiero estar contigo pero amor,
estamos tomando té y ya se te enfrió.
Deja de rascarte la cara, es nerviosismo. Me gustas así pero la ausencia
de ti mismo te hace ver distinto, ausente. Qué más da, eso ya no importa,
estoy, estamos, solos, desesperados, nerviosos, sin saber lo que nos deparará
pero estamos. Sin lugar a dudas es ahora cuando me doy cuenta que el destino sí
existe y que no se va por la borda como pensábamos. Estamos aquí, en el sitio
perfecto para los dos, tan común y clandestino. Destapar las primeras miradas.
Perdón...¿qué dices? ¿la hora? Oh no, amor, sabes que no uso reloj, pero la
averiguaré por ti, para que te sientas feliz y midas tu tiempo y mi tiempo y
sepamos que las horas se desgastan cuando no estamos cerca. Ese olor,
deliciosamente erótico y perturbador me anuncia el umbral donde me perderé las
próximas 48 horas. No, no te disculpes, a cualquiera le pasa... deja, yo
levanto los libros. Las disculpas son la muestra más dulce en tu cara;
sencillo, audaz, caballero, hermoso. Hay marcas en tu rostro que deleitan esta
sala y mis ojos son tan tímidos que no soportarían dos segundos verte
detenidamente. Sí, si hace frío, pero hablaremos del clima después, siempre he
pensado que es patético hablar de él, aunque me encanta escucharte. Tus sonidos
brincan de lo perplejo a lo celestial. De tus labios se caen pequeños silencios
acordes a la ocasión. Verbos desprendidos en el aire que nadie respira. Esos
hoyuelos delatadores de simpatía y tus cejas bien ceñidas brillan desde donde
estoy. Me encandilas. No eres igual a ellos, estoy segu...
-¿Qué?
-La llama la señorita, ya puede entrar con el doctor...
-Ah si, gracias.
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