jueves, 1 de agosto de 2013

Eres la persona perfecta para los tipos extraños.

Me siento frente a ti como siempre. Ya no sé si te veo a ti o solo es una sombra de lo que eres. De verdad que quiero estar contigo pero amor, estamos tomando té y ya se te enfrió.  Deja de rascarte la cara, es nerviosismo. Me gustas así pero la ausencia de ti mismo te hace ver distinto, ausente. Qué más da, eso ya no importa, estoy, estamos, solos, desesperados, nerviosos, sin saber lo que nos deparará pero estamos. Sin lugar a dudas es ahora cuando me doy cuenta que el destino sí existe y que no se va por la borda como pensábamos. Estamos aquí, en el sitio perfecto para los dos, tan común y clandestino. Destapar las primeras miradas. Perdón...¿qué dices? ¿la hora? Oh no, amor, sabes que no uso reloj, pero la averiguaré por ti, para que te sientas feliz y midas tu tiempo y mi tiempo y sepamos que las horas se desgastan cuando no estamos cerca. Ese olor, deliciosamente erótico y perturbador me anuncia el umbral donde me perderé las próximas 48 horas. No, no te disculpes, a cualquiera le pasa... deja, yo levanto los libros. Las disculpas son la muestra más dulce en tu cara; sencillo, audaz, caballero, hermoso. Hay marcas en tu rostro que deleitan esta sala y mis ojos son tan tímidos que no soportarían dos segundos verte detenidamente. Sí, si hace frío, pero hablaremos del clima después, siempre he pensado que es patético hablar de él, aunque me encanta escucharte. Tus sonidos brincan de lo perplejo a lo celestial. De tus labios se caen pequeños silencios acordes a la ocasión. Verbos desprendidos en el aire que nadie respira. Esos hoyuelos delatadores de simpatía y tus cejas bien ceñidas brillan desde donde estoy. Me encandilas. No eres igual a ellos, estoy segu...
-¿Qué?
-La llama la señorita, ya puede entrar con el doctor...

-Ah si, gracias.

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