jueves, 8 de febrero de 2018

Yo antes de mí.

No me sentí inadecuada hasta los 15, cuando mi cuerpo comenzó a desarrollarse y los chicos de mi colegio comenzaron a ver mis caderas y mi trasero con sus labios salivando. Ellos ya no querían hablar de libros o de lo que querían ser cuando grandes. Toda conversación, por muy inocente o trivial que fuese conllevaba a hablar de sexo. Como si, de pronto, lo único que les interesara fuese llegar a tocar todas aquellas partes nuevas y desconocidas de mi cuerpo. Las partes que no sabía cómo vestir, porque en un verano pasé de tener cuerpo de niña al de una mujer y me sentía avergonzada por ello. Ellos decían 'tetas' y 'culo' y odiaba esas palabras porque aunque se referían a mi cuerpo no me pertenecían a mí, le pertenecían a ellos. Me incomodaban los abrazos imprevistos, o todo tipo de 'juego' que incluía tocar mi cuerpo, aunque pareciera inocente porque en el fondo sabía que no lo era. 'déjame verlas' decía él. No hay nada que ver excepto culpa y vergüenza. Sentía cómo de a poco me hacía más pequeña, cómo sentía unas ganas inmensas de desaparecer de la faz de la tierra y que ya nadie me viera. Decidí que odiaba mi cuerpo y que debí haber hecho algo horrible para merecerlo. Cuando volvía a casa le decía a mi abuela que los hombres allá afuera estaban hambrientos y ella me decía que ya no debía vestirme con mis pechos al descubierto, me dijo que los hombres tendrán hambre si ven frutas, me dijo que debía usar ropa más holgada, sentarme con las piernas cerradas o los hombres se enojarán y pelearán, dijo que podría ahorrarme toda molestia si aprendía a comportarme como una señorita y vestir y hablar como una señorita, pero eso para mí no tenía sentido alguno. No puedo hacer oídos sordos alrededor del hecho de que tengo que convencer a más de la mitad de la población que mi cuerpo no es su cama. Estoy ocupada aprendiendo las consecuencias de mi feminidad cuando debería estar aprendiendo ciencias o matemáticas. Me aterra volver a las clases de gimnasia y ver mis muslos expuestos cuando hago volteretas, siendo yo y mis otras hermanas el espectáculo de ellos, y debo pretender que eso es normal, que así es como actúan los hombres, y que debo aceptar que usar calzas ajustadas podría incentivar pensamientos de lujuria en sus cabezas y que debo sentirme sexy y agradecida por ello porque significa que soy deseada y eso es todo lo que una mujer quiere al salir de la pre-adolescencia. Sentirse mujer, sentirse sexy y halagada por hombres que noten interés en llevarse el primer mordisco de mi fruta. No me voy a someter a su ideología, porque tachar a una mujer de puta o zorra públicamente o alabar la virginidad forma parte de la cultura de violación. No soy un maniquí en la vitrina de tu tienda favorita. No me puedes decir cómo vestir o cuando desvestirme para tu propio placer, estoy cansada de ocupar mi idioma y lenguaje corporal para demandar respeto. Estoy cansada de que 10 años más tarde sigas sintiéndote con el derecho de hacer analogías de cómo se ven mis pechos, de hablarme del tamaño de mi culo, de creer que mi desnudez sólo está ahí para tú placer y no porque es mi orgullo, y que después de tantos años y a pesar de tu abuso psicológico finalmente puedo sentirlo mío, sentirlo hermoso, sentirlo único. Sentir que finalmente no es morboso, sentir que es arte porque eso es el cuerpo de toda mujer. Sólo espero que en unos años más, cuando tú hija vuelva a casa y te preguntes por qué es tan infeliz sin poder entenderlo, que no te sorprenda que quizás la respuesta es que su entorno está lleno de hombres como tú. Espero que sientas vergüenza, así como la sentí yo la primera vez que dijiste 'tetas' en voz alta, sólo para sentir poder sobre mí. Tú eres todos los hombres que existen hoy que aún no son capaces de verme como una persona, que no es capaz de empatizar, que no es capaz de ver cómo tus palabras sexistas pueden destrozar a alguien por dentro.