lunes, 30 de junio de 2014

Se puede fingir a veces, pero no siempre.

Estoy cansada de la inercia de mi vida, de pasear por las calles sin rumbo, de los bares, de besos sin nombre, de no ver al amor entre tanto amores. Cansada de ilusionarme sin ilusionador, hombres por temporadas y caricias aceleradas. Esperar a que levantes tu mirada y dejes de ser tan ciego. Es así. Tú ya no serás tan bonito como solías serlo y quizás esta sea mi forma de despedirme de ti. La belleza pasará de largo y no dejará huella el paso de mi espera por tu amor. Ni una huella visible quedará de esas noches en que dormirás acompañado, en un tiempo más adelante, pero solo, con alguien pero solo. Esos sábados dejarán como única herencia heridas invisibles. Y suele pasar que al día siguiente cuando ella ya no está te ves queriendo huir pero sin saber de qué y entonces lo entiendes: ningún viaje fugaz entre unas piernas puede darte eso que buscas. Sí. Es entonces cuando realmente lo entiendes: el amor consiste en una cara donde quedarse a vivir. 


Yo te he querido de todas las formas en que una mujer pueda quererte. Estoy, eternamente sentada en el mismo banco esperando a tu llegada. Sé que eres tú. Voltéate. Mírame. Trata de pensar que estas palabras SÍ son para ti y no para otro. O no que lo que digo es mentira y es parte de mi creación mental. Amor no es una creación que los poetas hicieron alguna vez para vender, amor eres TU y me ha costado tanto entenderlo. Eres el idiota que me ha hecho la vida insoportable como nunca alguien lo había hecho, me jodes y me jodes una y otra vez. Me buscas, me hieres, me dejas, me confundes y me jodes otra vez. Nunca tuve tantas ganas de abofetear a alguien como lo quise contigo. No puedo leerte, tus acciones me vuelven loca, nunca sé que traes entre manos. Nuestra relación está llena de rencor y caretas. Máscaras que ocupamos para no mostrarnos como los indefensos que somos y el temor de creer que alguna vez podríamos llegar a confundirnos. Por eso te odio, porque eres un cobarde que nunca dirá algo más de lo predecible. Estoy loca por ti. Pero tú abrirás tus ojos cuando yo cierre los míos. Muy tarde, como siempre. 








domingo, 22 de junio de 2014

Indirectas.

Y yo podría seguir hablando de lo que la piel no dice y nuestros labios tampoco. De lo que se queda en la mitad de nuestra garganta y lo que decimos a media voz. De caricias marchitadas y recuerdos abandonados. De las ausencias en colchones y sacos de dormir. De frases de libros y obras de teatro. De películas que gritan al mundo, aunque este se niegue a escuchar. De las consecuencias del alcohol, de aquél color de ojos o de los secretos guardados en un cajón. De los lunares en tu cuerpo y de los puntos seguidos, y de los puntos y aparte también.