y en el fondo todo se resume a que me terminé de leer un libro que me dieron hace exactamente diez años, el cual se llama la historia interminable. Es así como me doy cuenta las mil y un cosas que pasaron en estos diez años, comencé a leerlo a los trece y el tiempo pasó y me cambié de colegio para empezar la enseñanza media y así, al empezar a hacer otras cosas se me fue olvidando la historia.
Luego en el colegio, comencé a leerlo nuevamente y, extrañamente, siempre me quedaba trancada en la página doscientos y tanto. Luego, al entrar a la universidad comencé a leerlo de nuevo, y otra vez más quedé trancada en casi el mismo capítulo de antes. Hasta que el año pasado me las di de lectora compulsiva y comencé a leer trilogías, novelas, etcétera y encontré mi preciado libro que pensé que había perdido, así que comencé a leerlo (nuevamente) y sí, quedé en el mismo capítulo, trancada en la página doscientos y tanto.
No, es que hasta comencé a creer que de verdad el libro era la historia interminable, por mi cabeza pasaron supersticiones absurdas de que poco menos mi libro (o yo) estaba maldito, hasta que hace dos días no aguanté más y me dije a mí misma: Melissa, ni pienses en salir de tu casa hasta terminar el libro ¡no puede ser que hayan pasado diez años y todavía no sepas el final de la historia interminable! : dicho y hecho. Comencé a leerlo y es así como recordé por qué lo dejé de lado por tantos años.
El libro es maravilloso y único, sin embargo trae a relucir ciertos aspectos que, como personas adultas, vamos dejando atrás con el tiempo: la imaginación, la niñez, lo sorprendente y lo mágico. Es por esto que me costaba tanto tomarle el ritmo a la historia después de haber dejado de leerla por tanto tiempo; ahora ya no tengo trece años, y por más que me guste de vez en cuando volver a querer ser pequeña, el mundo de las responsabilidades y la independencia es lo que se me viene al final del túnel.
Aún así, es bonito escapar de la realidad por unas horas y darme cuenta que a pesar de que hayan pasado diez años, sigue habiendo una niña en mí que piensa que la persona que está en ese libro podría ser yo. Pero así como en los libros, los capítulos terminan y aquella historia debía terminar para así poder leer otras, y recordar, lo que hace algún tiempo me hizo sentir una niña o adolescente. Y es que ahora estoy hablando de la vida en general, los capítulos que alargué por muchos años deben concluir. Es como por ejemplo cuando ves una serie que te gustaba mucho, pero que la alargaron por veinticuatro temporadas y en el fondo piensas, hmmm, debería haber terminado en la octava y hubiese sido perfecto.
Es así como hoy le digo adiós a mis ganas de no querer crecer (que siempre van y vienen, cuando veo que el futuro se viene de golpe), ya no postergaré mis responsabilidades ni fomentaré mi flojera en momentos de ocio, ni dejaré que mis achaques se apoderen de mí, porque he aprendido que cada momento es una oportunidad para seguir creciendo, y crecer no tiene por qué ser malo.
Ahora soy una mujer, lista para dejar el pasado atrás, para crear mis propias historias y terminar mis capítulos cuando deben; ahora es el momento para entusiasmarme y darle frente a mi vida (que, believe it or not, está recién empezando).
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