Tengo sentimientos encontrados desde la última vez que te vi. Me duele pensar que el destino no nos pertenece y que sólo somos dos almas perdidas, mirándonos, pero no viéndonos realmente.
La verdad es que muchas cosas cambian en cinco años, dos e incluso uno. No me quiero aferrar al pasado porque eso no va a cambiar nada, simplemente quiero decir que, para bien o para mal, todos cambiamos. Si hoy me encontrara con mi versión de los 15 años no me reconocería, o a decir verdad sí (en cierta medida), porque interiormente siempre he tenido los mismos valores, la misma convicción e ingenuidad delante ciertas cosas. Sin embargo, la adolescencia hizo muchas cosas por mí, de las cuales estoy muy agradecida y otras no tanto.
Típico ocurre que tienes 15 años y todo el mundo parece ser sociable, las amistades llegan para prometerte la eternidad, los chicos parecen buenos, los lugares nos ofrecen su hospitalidad y la rebeldía llega para proporcionarnos entretención y hacer de nuestras vidas algo memorable. Sí, todo eso lo viví y no me arrepiento. Nunca fui un caso perdido o algo por el estilo, pero de lo que sí estaba consciente era que, a pesar de todas las consecuencias que podría recibir al actuar (y me refiero a ir a conciertos, salidas sin permiso, etc) sabía que en un futuro las iba a recordar y decir valió la pena, y hoy, forman parte de un lindo recuerdo. Sin embargo no todo fue diversión y despreocupaciones. Así como aprendí el valor de tener coraje y conciencia frente a situaciones adversas, también aprendí el valor de lo que es la confianza y la amistad. Porque de éstas, sin lugar a dudas que me tocaron de las mejores y las peores también. Y no hace falta que me vuelva autorreferente para decir de qué tipo de personas estamos hablando en el segundo caso.
Las típicas amigas que sólo te llaman cuando necesitan algo de ti, para divertirse, para que las escuches hablar de sus un y mil pretendientes y les subas el ego. Esas personas que les importa mucho lo que piensen de ellas, son superficiales, por lo que el "dime con quien andas y te diré quién eres" es primordial, y si no cumples sus expectativas, suelen desecharte para luego buscarte si necesitan algo de ti. Muchas veces me sentí atrapada en este tipo de círculos cuando era chica, pero, en vez de sacar lo malo, esto me enseñó mucho de lo que sí es la amistad y de lo que no quiero en mi vida.
Todos merecemos una amistad que nos haga sentir valorados, queridos, escuchados y respetados, y hoy, puedo contar con personas que no sobrepasan los dedos de una mano, pero que sin lugar a dudas son un tesoro en mi corazón. Y eso es lo importante, calidad ante cantidad. Personas con las que tengo recuerdos memorables y proyecciones a futuro. Y que quizás, no siempre estén cuando los buscas, pero siempre aparecen cuando los necesitas. Sé que amistades vendrán y se irán en el futuro por las distancias, el mundo laboral, las comunicaciones y por las cosas de la vida. Aún así, siempre me quedaré con los momentos, con lo que sí viví y lo que me hizo feliz, porque como escuché una vez, la vida es muy corta para complicarse por amarguras. Y es verdad. Hoy miro hacia adelante porque el futuro se me viene de frente, lo siento tan cerca que me asusta. Pero lo aceptaré y lo afrontaré como lo que soy: una mujer con el coraje suficiente para tomar las riendas de mi vida y hacer con ella lo que desee, porque como escuché una vez por ahí cada uno es el arquitecto de su propia vida.
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