Verlos ahí, en las calles, sentados en el parque, tan felices, tan hermosos, tan perfectos. Todos lo son, ellos pasean, se miran y sienten nerviosismo, intentan ocultar sus miradas de reojo tímidamente pero aquella sonrisa siempre los delata cuando sienten su reflejo en el otro. Mariposas en el estómago o ese cosquilleo casi imposible de explicar que incluye fatiga y todo lo que nos dicen aquellas películas hollywoodenses que tanto evitamos ver en compañías de los demás. No lo entiendo, sus manos tomadas, sus palabras cursis y sentimientos acelerados que los llevan incluso hasta el sacrificio por el otro. La dependencia, el cariño inexplicable, la belleza subjetiva, el apego incontrolable. Sentimientos que se alejan de mi realidad. Porque siempre me he mantenido distante, alejada. Porque mis sentimientos más fuertes han sido por animales y mi familia. No siento tristeza tampoco, es simplemente algo que no está ahí. Sin embargo, mis escritos acerca del amor dicen lo contrario. Es entonces ahora donde tienes que saber que no puedes creer todo lo que lees. No soy mis palabras, sólo mis acciones. Y eso, es lo más verdadero y real que puedo ofrecer.
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