Revisando la despensa encontré aquél álbum de fotos que pensé que se había quedado en el olvido. Lo hojeé y hojeé y vi pasar nuestras vidas en una serie de imágenes que lo decían todo. Pensé que nunca iba a encontrar nuestra primera foto juntos. Recuerdo ese momento. Recuerdo aquél lugar. Ni siquiera estábamos tan entusiasmados, pero tú, gentilmente rodeaste tus brazos por mis hombros y ambos sonreímos cuando sonó el flash. La estoy tocando en este preciso momento. Lucías tedioso y yo cansada, pero felices. Tenía el pelo de un color distinto y tú solías afeitarte más de la cuenta. Lucías tan joven y hermoso. Nos fuimos caminando en silencio, sonriendo, escuchando sólo nuestros propios pasos. Paseando por lugares desconocidos...
Miraba hacia el suelo, quería mirarte pero por una extraña razón ya no podía. Me preguntaste si pasaba algo, de una manera casual. En ese instante paramos. Era momento de irnos. Me miraste y me dijiste "gracias por todo, gracias". Sonabas tan sincero, no supe que hacer. Aquél día supe que me iba a enamorar de ti. No sé por qué no te besé en ese momento. Tuve miedo. Siempre he sido mala para percibir señales y tampoco te conocía tan bien, no sabía como podrías reaccionar. Nunca he sido de esas personas que hacen cosas de manera repentina.
Dos semanas después nos juntamos, empezó a llover y comenzamos a caminar, lentamente, por las calles desiertas de nuestra ciudad. Quisiste parar para prender un cigarro bajo un árbol y empezaste a hablarme, ya no recuerdo de qué. Sólo miraba tus ojos, me acerqué y te abracé. Era la primera vez que hacía algo tan impulsivo. Me estaba enamorando de ti y no me daba cuenta. Despegué mis brazos de tu espalda. Te miré a los ojos. Fijamente, mostrándome más vulnerable que nunca y te besé. Tan cursi y románticamente como sucede en aquellas películas, lo hice. Y tú también. Pensar que eso ya pasó hace 20 años atrás. Hay fotos de todos los lugares que visitamos. De nuestro primer departamento. De nuestras primeras mascotas. De nuestros hijos, todo plasmado en estas viejas hojas transparentes.
Si pudiera retroceder el tiempo, si pudiese tener 20 años nuevamente quizás hubiese preferido dejar de exprimirme el cerebro estudiando, esperando el momento a que sucediera, y lo hubiese aprovechado para tener aquellos días extra contigo. También te hubiese escrito una carta; una carta para darte las gracias. Por haberte cruzado en mi vida, por lo inmensamente feliz que me harás, por lo inmensamente feliz que te haré. Por nuestros hijos. Por nuestra vida. Por decirme todos los días lo mucho que me quieres. Por ser la persona que eres, por salvarme. Por siempre creer en mí. Por ser mi mejor amigo. Por enseñarme tantas cosas. Por esperarme y por ver más allá de lo que todos veían. Y te la entregaría hoy. Mientras estás sentado a mi lado, hojeando este álbum conmigo, besándome y abrazándome, así como te abracé yo, hace 20 años atrás bajo ese árbol por las calles desiertas de nuestra ciudad.

