domingo, 4 de agosto de 2013

Melissa Harrison, la verdadera historia.

Con el tiempo he aprendido a vivir mi vida sin complicarme demasiado, sin pensar demasiado, sin llorar demasiado. Me he dado cuenta de que, sinceramente, no vale la pena malgastar tiempo y lágrimas en sentirte mal por lo que alguien diga o deje de decir. Me he dado cuenta de que estar malhumorado te hace tener más arrugas en la frente, y si las tengo, quiero que sean por haberme pasado la vida sonriendo (o al menos gran parte de ella).

Me he dado cuenta de que cuando se cierran puertas se abren balcones, cuando llueve siempre sale el sol (por muy cliché que suene, es verdad). También me he dado cuenta de que el invierno pasa más deprisa que el verano, y que cuando pierdes el bus siempre aparece un colectivo. Me he dado cuenta que importan las personas más que las palabras; que un abrazo es el mejor de los regalos y que una mirada es la mejor forma de decir 'lo siento'.
Quizás a veces me sigo enfadando por tonterías, por lo que sea que vivimos en el día que nos hace estar más propensos al enojo, porque somos humanos, porque somos imperfectos; pero cada día el enfado me dura un minuto menos; y luego, simplemente ya pasó. La vida es muy corta, mis profesores tenían razón.

Me he dado cuenta de que importan los recuerdos, pero importa más el día de hoy. Me he dado cuenta de que no se puede perdonar sin olvidar, ni vivir con miedo a la soledad. Ahora sé que importan los instantes, importan los minutos, importan las horas, los años y pasarlos al lado de quienes amamos. Quiero disfrutar este tiempo con mi familia y amigos porque esto sólo lo viviré hoy; mañana será otro capítulo en mi vida, con otras preocupaciones y otra rutina, y aunque estoy segura de que será muy distinta a la que tengo hoy en día, esto no quiere decir que sea peor. Tengo miedo ¿quién no? No por eso soy una cobarde, lo inesperado es una espada con doble filo, pero depende de nosotros el destino que le queramos dar.


Ahora, sé que lo que más importa es reír, llorar cuando lo necesitemos, disfrutar de los nuevos amaneceres y mojarnos con la lluvia del invierno. Ahora, sé que sólo importa vivir.

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