miércoles, 22 de febrero de 2017

Cuando mi silencio habla.

Voy a confesar algo. Durante mucho tiempo traté de encajar, de hacer deporte, de tener un grupo de amigas, de querer para siempre, de no reírme tan fuerte, de vestirme de diferentes colores, de llorar más, de no comprarme lencería erótica porque eso era “vulgar”, de no ser hedonista, de ser menos ermitaña, de compartir más, de fumar menos, y de comer menos también pero no me funcionó.

Porque a veces siento que todas las cosas que no deberían gustarme me llaman la atención, siento fascinación por ellas. Porque adoro la pizza por las noches, adoro mostrar mis piernas, adoro mi sensibilidad y mi forma despreocupada de ser, sobre todo frente a la opinión ajena. Me gusta tener personalidad y tener muy en claro mi nivel intelectual, mi capacidad de resiliencia, mi inteligencia emocional. Me gusta que mis principios me guíen a no juzgar a nadie por su apariencia y sólo permitirme tener prejuicios con personas llenas de prejuicios. Por lo mismo, no hay nada que se pueda apreciar más de las personas que la autenticidad. Ser uno mismo sin importar lo que el resto pueda decir y sentirse libre sin avergonzarse, es algo que muy pocos tienen y que debería verse más hoy en día. Odiaría tener que cambiar mi forma de ser o mi forma de vestir sólo porque a alguien no le parece, porque lo encuentran desafiante, vulgar, promiscuo o diferente.


 Mi ropa, mi pelo, mi sensibilidad y todo lo que soy forma parte de mí. Cambiarlo está en contra de mis principios porque nunca podría sentirme avergonzada de la persona que soy. Para mí esa palabra va hacia los que con sus acciones egoístas hieren a los demás, a los que desprecian, a los prejuiciosos, a los que no tienen humildad ni empatía, ni valores. A los ególatras, a los manipuladores, a los que se hacen las víctimas, a los hipócritas. Hoy en día no me preocupo de encajar, porque encajar no es sinónimo de ser buena persona. Encajar no me va a hacer crecer, sino que todo lo contrario; se sentiría como aprisionarme y aceptando parámetros y reglas impuestas por personas que intentan quitarme mi libertad, y eso es algo que nunca tendrán. Podría ser desobediente, podría ir en contra la corriente, pero al menos mi alma no está contaminada, y eso es algo que me llena de orgullo y tranquilidad.





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