Lo que pasa
conmigo es que adoro demasiado los pequeños momentos. Amo demasiado lo simple,
las sonrisas, los abrazos inesperados. Pero también adoro la soledad, los
paisajes y el romanticismo que siento cada vez que diviso aquellos bosques a la
distancia, o las ganas que me dan de sentir abrazos y besos en el cuello cuando
observo el atardecer. A veces, en las fiestas, cuando estoy en algún balcón,
tengo treinta o tal vez cincuenta segundos en los que puedo observar la ciudad,
mirar a las personas que están ahí conmigo y apreciar el momento que estoy
viviendo, porque aquél momento nunca más ocurrirá y será único y quiero vivirlo
todo y sentirlo todo sin perder ni olvidar nunca lo importante que es el tener
aquella oportunidad para estar ahí, compartiendo y viviendo, porque la verdad
es que no hay nada más que quiera en esta vida, que ser feliz.

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