miércoles, 19 de abril de 2023

Part I : The longing

Le di vueltas en mi mente a las presiones sociales que nos rodean durante años. Criar hijos, ganar y perder dinero, amar, herir amigos, exprimir trozos sensibles de la vida y encontrarlos sin sentido, vacíos, desleales, idos. Alguna vez, en los espacios insensibles entre mi niñez y adolescencia me enseñaron acerca de explotación y la violencia, el coste de mi estilo de vida y el de los demás, el verdadero significado de todo lo que compro y veo pasar. Una farsa absoluta. Y sé que de alguna u otra manera cada enunciado está empapado en sangre, que el lenguaje mismo desaparece. Este abuso, este control, esta explotación para enriquecernos se apodera de nosotros y pareciese que no hay vuelta atrás. Y lo siento por la niña de 9 años que hay en mí, que vio venir estas páginas y tomó el camino fácil, con audífonos puestos para ahogar los gritos y pensar ingenuamente que la vida no iba a ser así. Avancé rápido por mi anhelo de ascender de categoría, comprando pasto falso para mi jardín, pasto falso para mis tardes, mintiendo por la ingenuidad de mi necesidad de llenar vacíos con consumismo, consciente de lo avergonzada que estaba por aquellas decisiones que tomé.
Perdón por todas las versiones de mí misma. Perdón por la doble cara de mi llamado liberalismo y la crueldad de mis bromas. Perdón por la falta de apertura mental. Siento haber sido negligente y no haber descubierto lo que mi cuerpo podía hacer. Estaba tan celosa, como el lado invernal de la tierra que ve la primavera trotar al ritmo del romance. Estoy tan asustada y apenada de estar castigada, atrapada, dependiente de las bebidas energéticas, débil, y quizás sonaría hasta un poco divertido si no estuviera tan terriblemente triste.
Y he vivido mi vida con las palabras de mis ancestros en mi mente. No te equivoques, no tropieces, no le temas a los cambios de la pubertad, a las enfermedades, a la muerte. No entierres el verdadero significado de la vergüenza en la intención superficial de pedir perdón. Y me gustaría alabar más las cosas, ser más respetuosa, adorar las superficies, y las texturas, y los sistemas que están fuera de mi alcance. Y sigo espiando y pelando y revelando y desnudándome, bajando la cremallera de mi piel pecaminosa, desaprendiéndome de las cosas en las que he estado viviendo. Pidiéndole perdón a mi hígado, a mis riñones, a mi cerebro y a mis ojos por el daño que he hecho, por las veces que di por sentados los beneficios de la buena comida, el agua limpia, el viento y la lluvia. Y de repente, como en el sueño en el que corres y corres y empiezas a sentir la clara posibilidad de que, en el suelo de la tierra, un cuerpo podría haber sido lanzado hacia abajo por la presión, pero no necesariamente significa que está atascado allí. No es un cuerpo realmente definido por esa relación, medio oyendo, casi sintiendo en el sueño la posibilidad de la subida. Lamenté mucho haber sido tan poco ambiciosa. Nunca intenté sentir el sueño de elevarme, y tener fe en que el siguiente paso debería haber dejado de tocar la tierra con mis pies y dejar que estos se alzaran para poder haber demandado colores más iridiscentes y hermosos de los atardeceres, en vez de haberme conformado con los que no tenían la magia de los que alguna vez anhelé.








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