Me jalaste fuerte hacia ti y me besaste. Estaba subiendo para tomar la micro y lo hiciste.
Fue un acto simple. Manos hacia mi cintura, y labios hacia labios.
Pero fue más que eso.
Nunca me he sentido aquél tipo de mujer que es querida de esa manera. Aquella que los chicos besan desprevenidamente en la calle y hacen lo que sea para sacarte una carcajada. Contigo, los besos de buenas noches ya no sonaban a cursilerías de películas clichés y toda canción de amor que nunca logré comprender ahora cobraban sentido porque entendí lo que es sentir el corazón en el estómago, las manos temblorosas y fuego en los labios cuando no quieres que un momento así se termine.
Siempre me sentí invisible o admirada a la distancia,
pero tú me mostraste
una realidad alternativa.
- nuestro último beso

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