Se siente como si el tiempo pasara tan rápido cuando están juntos que no podías entrelazar tu mano con la suya por más de unos segundos porque las manillas del reloj giraban tan velozmente que mezcla los atardeceres con amaneceres. Y cuando piensas en las noches sintiendo sus caricias y su respiración, sientes como si así es como la vida debiese ser, tú y él siempre, y no puedes recordar cuándo fue la última vez que te sentiste tan feliz simplemente mirando las estrellas y acariciando su pelo por horas, o cuando te sentiste tan contenta por las noches mirando el techo hasta las dos de la mañana porque sentías que ya no estabas sola.
Y de repente
El ya no está, pero sigue ahí, sólo que ya no de la misma manera, y lo único que puedes hacer es esconderte debajo de tus sábanas y de ti misma o en lugares públicos o delante de cualquier persona con tus pañuelos que no son tan obvios porque es la primavera y el polen te irrita los ojos y hace que tus lágrimas caigan desde tu casa hacia el lugar donde solían ir. Tratas desde lo más profundo de tu corazón en no reproducir en tu cabeza cada momento que pasaron juntos, y no quieres eliminar sus conversaciones ni sus fotos porque no quieres olvidar aunque sabes que debes, y las cosas que existieron antes de que él existiese te recuerdan a él de igual forma y no es justo que el sólo hecho de leer un libro te den ganas de romper en llanto. Y te siguen dando ganas de repetirte a ti misma que no deberías sentirte tan triste, que necesitas dejarlo ir porque así es como debe suceder, y lo extrañas pero no puedes porque los atardeceres que cayeron tan rápidamente cuando lo tenías en sus brazos ahora pasan lentos, y todos los colores del cielo se mezclan y pintan palabras que puedes leer con los ojos cerrados y se convierte en esto, en la realidad que me dice que todo terminó y que nunca va a volver.

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